miércoles, junio 11, 2008

COMEDIA

En el supermercado. Estanterías vacías, muchas cerradas con cortinillas. La de la carne, la de las verduras, la de la fruta fresca. La de los yogures y postres lácteos permanece abierta, sólo para dar la imagen de la más perfecta desolación. Y uno, que ha visto un cambio de régimen, un intento de golpe de estado, varias crisis económicas y unas cuantas mundiales, y que en ninguna de estas circunstancias ha llegado a constatar una verdadera situación de pánico por desabastecimiento, no tiene más remedio que pensar que se trata de una comedia: la farsa de la escasez en un país rico, la mascarada de la pobreza, las fintas de los especuladores, amparados en una huelga mafiosa y, probablemente, concertada. Nada que hacer, salvo comprar unas cuantas bolsas de congelados y... esperar. Cuesta trabajo aceptar que una gran empresa de distribución de alimentos, como la que regenta este supermercado, se pliegue sin más a los caprichos de los camioneros. Le bastaría con rescindir los servicios de todos y contratar a unos cuantos centenares de transportistas polacos o marroquíes. Que acepte participar en esta comedia resulta preocupante. Siempre hay quien se enriquece en los momentos de crisis. Me lo dice el pequeño comerciante que, a la puerta misma del supermercado, me vende todo lo que no he encontrado en éste: los precios están subiendo ya; lo malo es que, una vez pase la racha, no van a bajar.

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