viernes, junio 13, 2008

GRACIOSOS

Leo en la página de economía de este periódico dos noticias aparentemente contradictorias: una asegura que tres de cada cuatro empleados en España sufren estrés laboral; la otra, en cambio, anuncia que se está poniendo de moda fomentar la risa y el buen humor en las empresas, y que algunas exigen ya que sus directivos sean gente divertida. Me imagino a uno de esos directivos graciosos haciendo su entrada en la oficina: va silbando una canción, hace un paso de baile para colgar el abrigo, remata el gesto con una reverencia y un tachán, como los presentadores marchosos, y luego, antes de dar las órdenes del día, cuenta un chiste de Jaimito. Me imagino las caras de los empleados (recuérdese: uno de cada cuatro padece estrés), y casi me parece oír el rechinar de dientes, apenas disimulado por la risa estridente del pelota de turno… Leo también los nombres de las empresas que se han apuntado a esta metodología novedosa: un banco (ya se sabe la gracia que rebosan los bancos), unos grandes almacenes (donde, como es notorio, las condiciones de trabajo favorecen la felicidad de los empleados), una compañía aérea (una de ellas, recordarán, hizo gala de su excelente sentido del humor animando a sus bellas empleadas a posar en bikini para un almanaque promocional). En ninguno de esos sectores, como todo el mundo sabe, existen tensiones laborales, ni ajustes de plantilla, ni contratos basura. De ahí que tengan esas ganas de diversión.

Y lo que me extraña es que la Administración no se haya apuntado a esta moda dicharachera: que no ande ya buscando directores generales chistosos, jefes de línea dotados para la imitación y la caricatura, supervisores que lleven una nariz de payaso en el ejercicio de sus funciones… No hace mucho, leíamos que es precisamente en la Administración pública donde más abundan las denuncias por acoso laboral. Lo que quizá se deba, digo yo, a que los empleados no han desarrollado aún el sentido del humor necesario para apreciar los sarcasmos de los jefes, la preferencia de éstos por sus acólitos y enchufados, o lo divertido que puede llegar a ser el trabajo cuando quien lo organiza y dirige consigue convertirlo, a fuerza de órdenes contradictorias y absurdas, en un gracioso galimatías sin sentido.

Mientras llega ese momento, en fin, hago votos por que mis jefes no me animen a cantar o a pronunciar monólogos humorísticos en las reuniones de trabajo. Lo confieso: soy un tipo soso y desabrido, y tengo el mal hábito de reírme sólo entre mis amigos e iguales, y de relacionar la felicidad, que es plenitud y libertad, con la intimidad y el ocio. Y estoy seguro de que quien disfrute de éstos (lo que no siempre es posible, en las condiciones actuales del mercado laboral) lucirá un excelente sentido del humor incluso cuando trabaja. Aunque el jefe tenga cara de enterrador.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdona este asalto que te hago a través de tu bolg. Soy un principiante en esto de la poesía, y quiero conocer los entresijos de la métrica. En los manuales creo haber aprendido todo lo necesario, pero hay cosas que sólo quienes domináis este oficio me podríais aclarar. Me explico: en ocasiones veo que en una distribución ortodoxa de versos imparisílabos (básicamente endecasílabos y heptasílabos) se cuela inexplicablemente para mí, algún verso parisílabo. Así ocurre en tu poema "Los ociosos", en el que el verso "reventadas" tiene cuatro sílabas. Qué razón métrica justifica esa "irregularidad". Te agradecería inmensamente tus indicaciones. Mi email es amsanpal@terra.es.

Un saludo.
Amador Sánchez.

Mery dijo...

Sería patético encontrarse con un jefe graciosillo, tirando a payaso.
Pero hay que reconocer que llevar el buen humor a todos los aspectos de tu vida hace la vida mas agradable. COmo muchas cosas, es cuestión de matizar y usar el sentido común por encima de cualquier moda o estudio realizado, del orden que sea.

He de decirte que hace unos dias compré, en la Feria del Libro de Madrid, tu Casa en Construcción. Seguro que leerlo hará mas graciosa mi vida, digamos en el sentido mas lírico de la palabra.
Un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Amador: gracias por leer con tanta atención mis poemas. La palabra "reventadas", en "Los ociosos", no es un verso, sino parte del endecasílabo -roto por un punto y aparte- que se completa con "Y sin embargo, vistos". Quizá la disposición tipográfica del libro impreso no deje verlo. De todos modos, es un endecasílabo anómalo, ya que le faltaría el acento en cuarta (sí consta el de octava). Lo he dejado así porque creo que a la palabra "reventadas" le conviene ese realce, y la pausa reforzada por el punto y aparte sustituye al golpe acentual.

Y Mery: gracias por haberte comprado el libro, que espero que te guste. Estaré encantado de recibir cualquier comentario que me quieras hacer al respecto.

Anónimo dijo...

Amador dice:

Mil gracias, por tu esclarecedora explicación. Tu verso no tiene el acento en cuarta, pero sí en sexta, y eso hace que suene armónico. De hecho a mí me sonaba bien antes de apreciar que se trataba de un endecasílabo roto tipográficamente.Por eso adivinaba que no se trataba de un error tuyo, sino de una falta de perspicacia mía.
Hace unos minutos he acabado de leer un poema de gonzález Iglesias ("La canción del verano...) Hay un bisílabo ("vuelta") y otro cuatrisílabo ("de los hombres") a los que tampoco les encuentro explicación. Te lo copio, a ver qué explicación le encuentras tú:

"La canción del verano suena más que la Eneida/ y en vano-Cioran dice- busca Occidente una/ forma de agonía digna de su pasado./ Pero así están las cosas, y no tienen/ vuelta/ ni las generaciones ni las hojas/ de los hombres./ Tristeza de saber que no regresaremos/ a la ternura, la serenidad,/al fulgor de Virgilio. Aquel verano/ bailábamos oscuros en la noche"

No te marees en buscar una explicación; a lo mejor es que a veces se busca intencionadamente una ruptura del ritmo. En fin, a ver tú qué piensas.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Creo que el bisílabo y el cuatrisílabo de ese poema son "islas métricas", es decir, grupos fónicos que quedan al margen d ela regularidad métrica del resto del poema, y que no tienen por qué ser necesariamente disonantes (éstas no lo son). A veces funcionan como "pies quebrados". En cualquier caso, hablar de "ruptura de ritmo" es atribuirle una intencionalidad a lo que puede que no sea más que un accidente.

Anónimo dijo...

Amador Santos dijo:

Gracias por tan luminosa explicación.