miércoles, junio 04, 2008

PIN UPS



Leo en Esto no es música. Introducción al malestar en la cultura de masas, de José Luis Pardo, el capitulillo dedicado al psiquiatra, psicoanalista y santón de la contracultura Wilhelm Reich (1897-1957). De Reich había leído yo hace años un especioso librito titulado Psicoanálisis y educación, escrito en colaboración con Vera Schmidt, en el que se proclaman, entre otras lindezas, las bondades de los "hogares de infancia socialistas" de la URSS y de la RDA, y se elogia la aportación de Lenin a la liberación sexual femenina. Reich posteriormente rompió con el "socialismo real", que no estaba muy dispuesto a secundar sus teorías, y encontró acomodo en los Estados Unidos, donde la CIA, cuenta Pardo, lo contrató para el "experimento Fénix", que pretendía explorar el modo de inducir "cambios de humor" en la población mediante la manipulación de la atmósfera... Para tan mefistofélico fin construyó Reich una especie de "acumuladores de energía", que luego descubrió que podían usarse para provocar lluvias. Con ellos incluso llegó a mantener, según dejó escrito, algún combate con naves extraterrestres, a las que hizo retroceder...

Naturalmente, no es uno nadie para juzgar el valor científico de la obra de Reich, del que todavía quedan ardientes defensores (entre ellos, el redactor o redactores de la entrada a él dedicada en la versión española de la
Wikipedia); pero sí parece haber solidas razones para desconfiar de la salud mental del personaje, y constatar la evidente atracción que éste sentía hacia la megalomanía (en sus dos versiones antagónicas, la de Stalin y la del anticomunismo de la Guerra Fría), así como las tragaderas de ciertos círculos, prontos a endosar a cualquier farsante el título de debelador de seculares ataduras e injusticias. Reich tiene más en común con el profesor Bacterio, el de Mortadelo y Filemón, que con Eisntein o el propio Freud. Y hace bien Pardo en sacarlo a colación en un ensayo sobre la cultura popular, que es el ámbito donde destacan los personajes de tebeo.

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Debo también al ensayo de José Luis Pardo la identificación de dos prolíficos y destacados pintores de pin ups: Alberto Vargas y George Petty. Los dos contribuyeron lo suyo a que los años que precedieron a la llamada "revolución sexual" no puedan considerarse meramente puritanos: por el contrario, cabe pensar que las mamás de muchas de las chicas "liberadas" de los 60 se inspiraron en esos poderosos iconos sexuales, insinuantes y fetichistas (y rebosantes de salud, todo hay que decirlo) para asumir su propia sexualidad, la que todavía desprenden muchas actrices de la época cuando las vemos en pantalla.

Aunque, puestos a comparar, yo me quedo con las que dibujaba, sacándolas casi de la nada, nuestro Penagos.

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También de la nada parecía haber salido la salamanquesa que encontré esta mañana correteando por el suelo del cuarto de baño del lugar donde trabajo. Se lo dije al portero, y éste respondió que no podía matarla allí mismo, porque mancharía el pavimento... Hombre, le dije, no se trata de matarla, sino de sacarla de aquí y soltarla en alguno de los ruinosos parterres que rodean el edificio. Acepta a regañadientes. Con cuidado empuja al bicho con la escoba a un recogedor y lo lleva al exterior. Lo vemos desaparecer entre la maleza, furtivo y feliz. Y yo empiezo el día con la ligereza de quien le ha ahorrado unos gramos de maldad al Universo.

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