lunes, junio 30, 2008

METÁFORAS

Después de la noche de celebración de la victoria futbolística, impresiona el silencio de la mañana. Hasta el aire está absolutamente quieto, hasta los pájaros cantan como en sordina. No creo que madrugar sea una virtud, pero sí es un privilegio: estas horas de calma, de desarrollo ordenado de la escasa actividad en marcha, de atenuación general de las intensidades de la vida hasta tonalidades soportables, bien merecen el sacrificio de una o dos horas de sueño. Saca uno sus fuerzas de la mañana, como otros, de costumbres más vampíricas, las sacan de la noche. Y no es que uno haga ascos a la noche; sólo que ésta, en su versión urbana, no es más que tiempo de ocio masivo, es decir, de aglomeraciones y ruido. Y ahora pienso que este silencio sobrevenido, siempre precario, es también una metáfora de la relativa paz social que disfrutamos, ganada a fuerza de agotar a la gente en estos grandes desfogues colectivos. La crisis, los desafíos de Ibarretxe, la desorientación general, han quedado milagrosamente olvidados. Y yo, qué quieren que les diga, doy por bueno este olvido inducido, que es también silencio.

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Última jornada laboral, que se adivina larga y tortuosa. Hemos cogido la mala costumbre de utilizar este día previo a las vacaciones para adelantar peones y dejar bien altas las espadas, de cara a lo que venga. Trata uno de atenerse al pensamiento cínico de que aquí lo importante es aguantar el tipo y cobrar a fin de mes. Pero lo que aquí sucede es también una metáfora (o, más bien, una especie de modelo a escala) de los intereses creados y los juegos de poder que operan fuera. Sólo que las batallas que se ganen aquí dentro, si es que se gana alguna, apenas tienen incidencia fuera.

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El balcón tiene puertas a dos habitaciones. Y como esta noche, por el calor, las hemos dejado abiertas, K. no ha hecho otra cosa que completar una y otra vez el circuito compuesto por las dos habitaciones, el balcón y el tramo de pasillo que cierra el recorrido. En el duermevela a que nos fuerza el calor y los ecos de la celebración deportiva, la sentimos pasar de un lado a otro, tan concentrada en su propósito que se diría que éste reviste para ella una desusada importancia. Al fin y al cabo, es lo que tratamos de hacer siempre: asegurar, antes que nada, la redondez del propio universo; y recorrerlo con la seguridad de que, cuanto más nos alejamos del principio, más cerca estamos de él.

2 comentarios:

Lola dijo...

No te atengas, por favor, al pensamiento cínico. Muchos estamos en la trinchera, cuando es necesario, sin encontrar placer en las batallas cotidianas pero necesitados de voces como la tuya.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, amiga Lola. Lo del pensamiento cínico no es más que un intento de ver las cosas a distancia y con la suficiente perspectiva.