martes, junio 03, 2008

REVUELTA

Unamuno entrevistado por J. Martínez Ruiz (que todavía no firmaba como Azorín) en uno de los textos recogidos en este tomito de Artículos olvidados del de Monóvar que voy leyendo en el autobús. Un hueso duro de roer, incluso para alguien con tanta capacidad de encaje como el entonces aguerrido periodista de revistas "radicales". Éste no duda en postular una juventud "que alienta por nobles ideales de solidaridad universal, de amor y bienestar", dando por sentado, sin duda, que él mismo es parte de esa juventud y que en nombre de la misma se dirige al maestro. Pero éste no está para gaitas, y rebate sin piedad el vago misticismo revolucionario, entre cristiano y anarcoide, en el que se inspira su interlocutor, y contrapone, al Cristo "anarquista" de Renan, entonces tan de moda (el propio Martínez Ruiz le había dedicado más de un artículo), el de la Biblia...

Le hubiera resultado fácil al joven catedrático de Salamanca contemporizar con su interlocutor, coincidir en ese terreno neutro de la crítica de lo que ambos denostaban, arrimarse a esa ascua tibia, que el otro tentadoramente le acercaba, de la presunta juventud con inquietudes. Es lo que hubiera hecho hoy, en fin, cualquiera de esas figurillas de la intelectualidad que entrevista Rosa Montero en el dominical de El País... Aceptar el certificado de progresismo y relevancia que supone el mero hecho de que esa entrevista tenga lugar, y dárselas de incomprendido ante el alma gemela que le manda el periódico... Unamuno no. Y quién sabe si el propio Martínez Ruiz no acabaría siendo quien fue gracias a haber tropezado a tiempo con figuras de ese temple.

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Una crisis económica comienza en el momento justo en el que todos coincidimos en que ha comenzado una crisis económica. Y termina justo cuando nos da por afirmar lo contrario. Es un fenómeno de mera sugestión colectiva. Y, como todos los fenómenos de esa naturaleza, sus resultados son catastróficos.

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(A un pequeño déspota) Dar demasiadas órdenes, al fin y al cabo, es arriesgarse a ser desobedecido demasiadas veces. Y no todo el mundo sabe sofocar a tiempo una revuelta.

1 comentario:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Era mucho Unamuno (por cierto, el retrato es inquietante, sobre todo el ojo de pájaro que medio asoma detrás de las lentes) y seguro que sí, que en el giro que dio Azorín hacia posturas conservadoras tuvieron mucho que ver personalidades de fuste como ésta.
En cuanto a la crisis, tengo un familiar empresario que lo define muy bien: el rumor creciente de una crisis hace más mella en la gente que el de una situación bonancible. Los miedos se instalan pronto y, como él y otros especialistas afirman, ésta es una crisis sobre todo de confianza financiera. Y si un banquero no se fía, ni empresa, ni hipoteca, ni préstamo que valga. Saludos.