domingo, junio 15, 2008

SANGUIJUELAS

Nos dicen que la piscina municipal no abrirá este año porque el ayuntamiento no tiene dinero para remozarla. Y recuerdo lo que me dijo al respecto una concejala de ese mismo ayuntamiento el año pasado: en realidad, aquí la piscina municipal la usa muy poca gente, porque todo el mundo tiene la suya. Y me quedé un tanto asombrado por ese "todo el mundo", por el país de favorecidos por la fortuna que implícitamente postulaba, y por el enorme desprecio hacia lo comunitario y lo público que desprendía el razonamiento. Hoy las implicaciones del mismo se han cumplido: no habrá piscina. No pasa nada: a diez minutos en coche hay otro pueblo donde la piscina pública sí funciona. Aunque quizá lo propio sería recorrer esa distancia del modo que propugnaba John Cheever en un conocido cuento suyo: nadando de piscina en piscina, como si entre todas ellas formaran el olvidado río de la comunidad perdida.

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Pero esos ríos metafísicos fluyen por otra parte, y a tiempo limitado. Me lo dice M., el pintor, al enseñarme uno de los bocetos que ha pintado recientemente: un panorama del pueblo a esa hora del amanecer en la que el sol primero sólo se refleja de pleno, encendiéndolas, en las dos o tres fachadas que el azar ha colocado en la posición correcta respecto al mismo. Veo la imagen del pueblo en semipenumbra, con esas dos o tres fachadas bañadas de una luz dorada que parece sobrenatural, y que, sin embargo, queda perfectamente explicada por la posición relativa de todos los elementos respecto a la fuente de luz. Y pienso que, a su modo, este cuadro es también un retrato de esa misma dispersión de intereses de la que hablábamos antes: el hecho de que el sol incida apenas en dos o tres casas alejadas entre sí pone de manifiesto el desorden esencial del conjunto, su íntima falta de armonía; o esa otra armonía que no depende de las acciones humanas, sino del mero sucederse de los días, del paso del tiempo, de la incidencia del azar. De lo importante, en suma.

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Es bueno, me dicen, que en este pilón haya algunas sanguijuelas: vienen a certificar la pureza del agua. Lo que sin duda, pienso yo, puede aplicarse a otros contextos.

3 comentarios:

capador de turleque dijo...

¿Cómo serán las características organolépticas de la sangüijuela?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No sé, ¿las habrá probado alguien? Si nos comemos las lampreas, que son consideradas un manjar, no veo por qué no ha de comerse esta versión invertebrada de tan desagradable bicho.

capador de turleque dijo...

Por su alimentación, a lo mejor bien cocinadas con arroz, saben a morcilla de Burgos.

Saludos