sábado, junio 07, 2008

TODOS NÓRDICOS

Me alegra que hayamos llegado a junio con estas temperaturas que apenas rebasan las de un día soleado de invierno y estas lluvias intermitentes pero pertinaces. Lo normal por estas fechas es asarse de calor sin esperanza de remisión posible (las vacaciones quedan todavía lejos). Y envidiar a todos esos extras disfrazados de turistas que los ayuntamientos contratan para llenar las terrazas de los bares y dar la imagen de una ciudad despreocupada y feliz. Aunque, en el fondo, sospechamos que, en cuanto dejemos de desfilar ante ellos, de vuelta a casa, un camión municipal los retirará de la vía pública y los guardará hasta el día siguiente en el mismo almacén donde guardan los gigantes y cabezudos del carnaval. De ahí que a veces den la impresión de estar algo apolillados.

Pero este año no. Este año los pocos que se atreven a sentarse al aire libre llevan jerseys de entretiempo y tienen el paraguas a mano, por si acaso. Y convendrán conmigo que así no se da esa imagen de paraíso tropical que quieren para sí los municipios que aspiran a vivir del turismo. Pasa uno al lado de estos figurantes y casi entran ganas de decirles que lo dejen ya, que no engañan a nadie, que ya sabemos todos que en estos tiempos de precariedad laboral y sueldos basura los únicos que pueden permitirse pasarse una mañana al sol son los desempleados.

Y es que no hay nada como una primavera fresca para reconciliarlo a uno con su condición y estado. Hasta a la clase política le viene bien esta prolongación del tiempo inestable. Vean, si no, lo que ha pasado con el polémico trasvase de aguas del Ebro a Barcelona: hace unas semanas, era motivo de trifulca; y ha bastado que llueva un poco para que los pantanos catalanes se repongan y el motivo de la polémica se haya diluido como un terrón de barro bajo el empuje de un torrente... Lo que confirma lo que decían los sociólogos deterministas de comienzos del siglo pasado: somos un país bronco y necio por culpa de las temperaturas extremas, y basta que éstas se suavicen, y que las estaciones mezclen alegremente sus rasgos distintivos, y nos acostumbremos a llevar paraguas en fechas en las que normalmente usamos ya el bañador, para que nos convirtamos en un país civilizado y hagamos caso a los diagnósticos de los expertos antes que a los dictados de las vísceras.

Ojalá la lluvia apague otros motivos de discordia. Que un chaparrón deshaga las papeletas de Ibarretxe y su fastidioso referéndum separatista. Que otro (o, mejor, que toda una sucesión de ellos) alimente cosechas abundantísimas y haga bajar el precio de los alimentos. Que un par de semanas con tiempo fresco atempere los ánimos de los condenados a entenderse por el bien de todos… Con dos o tres primaveras como ésta, todos nórdicos. Siempre encontraremos un país más al Sur donde tomar el sol.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Profesor Franz dijo...

Qué pronto caducan las columnas de tema meteorológico... Saludos desde Sevilla.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me imagino que lo dices con conocimiento de causa. Aquí también hizo ayer un día caluroso. Pero hace apenas una semana, cuando la romería de la que hablaba mi entrada del domingo pasado, hacía verdadero frío. En fin. La verdad es que las columnas caducan siempre pronto, hablen de lo que hablen.

Anónimo dijo...

No son sus artículos los que caducan, sino el tiempo. A lo que usted escribe siempre se le puede dar una segunda oportunidad: la de la imaginación, la del recuerdo. Al tiempo no. O más bien es él el que no nos da una segunda oportunidad a nosotros.

ISE