jueves, junio 12, 2008

TRINOS

Estamos tan acostumbrados al verso blanco meramente correcto, el que tiene todos los acentos en su sitio y el número apropiado de sílabas (lo que no es moco de pavo, a a la vista de la cantidad de versificadores a los que no les salen las cuentas), que casi hemos perdido la capacidad de apreciar la musicalidad añadida que los buenos poetas saben infundir a este tipo de metro. Por eso es tan grato abrir una antología de poemas de un autor que uno no había leído antes y encontrar aciertos como esta imagen del sol poniente con la que Miguel Ángel Velasco remata su poema "Trinos":

y en lo alto, una perla
repica un punto cuando toca el fondo
de la copa profunda del silencio.

Ese repica viene a ser la última nota, la definitiva, del trino continuo, hecho de delicadísimas aliteraciones, que hemos estado entreoyendo a lo largo de todo el poema. De este autor me han gustado, en general, todos los poemas sustentados en la mirada, preferentemente dirigida a la naturaleza. Menos me ha interesado algún que otro poema de resabios "culturalistas", y casi nada los que el autor dedica a psicodelias varias. A ese respecto, me ha dejado pensativo una frase del prólogo, escrito por un amigo del autor (y mío), en la que afirma que a éste "no se le conoce otro trabajo que el de propiciar con excesos a la Musa". No he tratado al aludido, y lo ignoro todo respecto a sus circunstancias personales, así que no sé si el prologuista quiere decir: a) que es rico por su casa; b) que disfruta de alguna envidiable sinecura laboral, como algún otro que yo me sé, o c) que es un bohemio que ha sabido bandeárselas. Sociologías de la literatura. Yo, al leer la frase, no he podido evitar representármela en labios de un padre airado, que le espeta a la hija enamorada: "¿Cómo? ¿Que te vas a a casar con ése? ¿Pero no te has dado cuenta de que no se le conoce otro trabajo que propiciar con excesos a la Musa? ¡Por encima de mi cadáver!". Quedaría bien en una comedia de Benavente.

Valga lo antedicho, sin embargo, como simple maniobra de distracción para esquivar los términos convencionales de elogio. Velasco es un buen poeta, y esta antología (La mirada sin dueño) que acaba de editarle Renacimiento es una buena ocasión de conocerle.

***

Tampoco quiero dejar de mencionar, en la misma tanda de libros, estos versos de José Juan Tablada, que debe figurar por derecho propio en la lista de poetas en Nueva York que proponíamos el otro día:

Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida,
tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida.

***

Algunas habilidades, como la de tirar correctamente una cerveza, no tienen otra finalidad que acercarnos a un ideal que podríamos denominar "la felicidad por los pequeños detalles". Por eso mismo, su mera ausencia (una cerveza mortecina, servida a un sediento que esperaba otra cosa) equivale a una frustración, y de las peores: ésas por las que difícilmente podemos reclamar a nadie; porque, a ver, ¿qué reglamento de hostelería prevé el nivel de espuma, de burbujas, de gases, que debe tener, no ya una simple cerveza, sino la imagen interior que traemos de la cerveza que vamos a pedir cuando hemos conseguido eludir deberes y rutinas y sentarnos en una terraza?

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