miércoles, julio 30, 2008

GASOLINA

Vida local. De vez en cuando estos amigos me ponen al tanto de lo que pasa en la ciudad. Y es curioso: cuánta gente hay que, en su medio, hace todo lo posible por imaginarse que mueve los hilos, y proyecta esta fantasía de poder a otros ámbitos; de modo que, por mandar en su despachito o negociado, se imaginan poco más o menos que controlan la ciudad. Ese complejo de próceres que tienen algunos (o de capos de la Mafia). Mientras que la ciudad, ese ente abstracto, vive absolutamente ajena a las pretensiones desmesuradas de algunos de sus habitantes.

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Tendría que haber una patrulla policial dedicada exclusivamente a perseguir a quienes tocan el claxon de madrugada o llevan la radio del coche a todo volumen. Con un protocolo de actuación bien definido: mientras dos agentes reducen y esposan al energúmeno de turno, un tercero le rocía el coche con gasolina y le prende fuego.

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No hay que abominar de los malentendidos: al fin y al cabo, esas segundas intenciones que otros nos atribuyen son la única noticia que tenemos de ese otro yo que actúa a nuestras espaldas, y cuya vida, vista como la ven los otros, parece siempre mucho más interesante que la nuestra.

3 comentarios:

Bárbara dijo...

Tiene usted razón. Desde hoy me reconcilio con los malentendidos y asumo la doble y oscura personalidad que todos tenemos.

El Hombre Blanco dijo...

Aunque es algo exagerada la medida de incendiar el vehículo del energúmeno en cuestión, sí que aprobaría yo la creación de una brigada anti-reguetones-móviles para terminar con las discotecas andantes. Más bien, yo impondría un castigo ejemplar: escuchar a Mozart a toda pastilla durante una semana seguida, así, durante 24 horas sin parar…

Anónimo dijo...

Le tenía a usted por distante y cauto en sus reflexiones... O, mejor dicho, a veces he atisbado verdadera atrocidad en sus opiniones, pero siempre expresada desde una compleja, remota y erudita ironía que la mayor parte de las veces se me escapa, por supuesto. Lo del incendio al energúmeno me ha dejado de piedra. Lo aplaudo abiertamente. Merecería la pena opositar al cuerpo de policía solo para ocupar un puesto así.