martes, julio 15, 2008

MANÍAS

Hay que cultivar las manías propias, parece querer decirme JM: son la única manera de que los demás se vean obligados a hacer con nosotros esas pequeñas excepciones que requiere la singularidad de cada cual, y sin las cuales podemos decir que nos vemos reducidos a la inexistencia... Al menos, esa parece ser la moraleja de las anécdotas que me cuenta, relacionadas con los cuidados que prodiga a su garganta delicada.

"En Sevilla -me dice-, en un mes de agosto especialmente caluroso, le pregunté a un camarero si me podía servir una cerveza natural. El camarero, por supuesto, creyó que yo estaba de broma, y me dijo que no tenía. Entonces le sugerí que me calentara un vaso con el chorro de agua hervida de la máquina del café. Me dijo que estaba apagada. Le sugerí entonces que pusiera a calentar el vaso en el microondas, y que me sirviera la cerveza en ese vaso. No pudo negarse. Abrió el horno y puso un vaso dentro. Toda la concurrencia estaba pendiente de los giros del vaso tras el cristal. Se hizo un silencio absoluto, que sólo se diluyó un tanto cuando el camarero me sirvió finalmente la cerveza y se vio que todo aquello no eran los preparativos de una broma genial, sino una simple rareza de un cliente."

También en Sevilla, me dice, otro camarero receloso se negó a servirle un quinto de cerveza caliente y otro frío, para mezclarlos. Y en Sanlúcar, en fin, un tercer camarero entendió tintos, y no quintos, y le trajo dos vasos de vino; y cuando se le aclaró su error, comentó: "Ya decía yo que para qué quería usted un vaso de tinto frío y otro caliente".

JM no es un hombre asertivo o amigo de llamar la atención. Por eso extraña esta fidelidad a sus propias manías, a costa de su natural discreción. Pero uno, que a veces padece más bien del mal contrario, de una excesiva complacencia con las arbitrariedades gratuitas a las que te somete cualquiera, no deja de comprenderlo y admirarlo.

5 comentarios:

TRONCHA dijo...

Sinceramente beber la cerveza "caliente" o no fria, no es muy `propio de estas latitudes más bien debería usted migrar má hacia el norte alli seguro que la temperatura de tan delicioso brevaje es mucho más de su gusto.

Que cosas...

Saludos...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Que conste que a mí la cerveza también me gusta fría.

Manuel dijo...

Cuando trabajaba de camarero en Matalascañas, un señor tuvo a bien pedir una ración de sardinas, y todo sería normal si no fuese porque las pidió crudas. Creímos que era para un gato o cualquier otro animalito, qué se yo. Nada, las devoró al natural. Tuvimos cachondeo hasta final de verano.

Mery dijo...

Tu entrada me ha recordado a mi padre. Los últimos años de su vida nos sorprendió con una manía idéntica e insólita en él: sacaba una cerveza de la nevera dos horas antes de cenar ¡y la ponía sobre el radiador para que se calentara!
Esa manía suya de última hora nos hace soltar unas cuantas lágrimas y sonrisas ahora que tanto lo echamos de menos.

Un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Las manías tienen eso: retratan a las personas; y, por tanto, contribuyen a fijarlas para siempre en el recuerdo.