miércoles, julio 16, 2008

MERCADILLO

"Mercadillo de intercambio" en la biblioteca local; es decir, la biblioteca propone canjear los fondos expurgados por libros relativamente recientes aportados por los visitantes. Aprovecho para deshacerme de parte de la alta montaña de "novedades" que me mandan de aquí y de allá, y que en su mayor parte no me interesan lo más mínimo. Tampoco es que las posibilidades de canje sean demasiado atractivas, pero algo hay: un ejemplar de la espléndida Antología de poesía norteamericana de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal, que publicó Aguilar en 1962 y que yo había leído de prestado en mi juventud; una antología de cuentos cubanos, con algún nombre interesante, editada en La Habana en 1980, y que lleva, en su portadilla, una viñeta con el anagrama del II Congreso del PCC: me lo llevo en parte porque me hace gracia lo naïf de la edición, y en parte por ese mismo afán que llevaría a Van Helsin a guardar en su gabinete un clavo del ataúd de Drácula; un ejemplar de La de Bringas, una novela de Galdós que no he leído; y el reciente premio Planeta de J.J. Millás, que, por una de esas impiedades que cometen los lectores de novedades, anda ya corriendo por los desagües de la literatura (aunque no hay motivos de regodeo: casi al lado encuentro una reciente antología de relatos en la que figura uno mío).

No está mal. Pero lo más llamativo de este mercadillo, y de casi todos los de su género, es la sensación que se lleva uno de que la buena literatura, los clásicos imprescindibles, resultan, en nuestra sociedad del despilfarro, casi gratuitos: cualquier adolescente que, como fue mi caso, quisiera formar una biblioteca casi de cero a partir de unas pocas referencias escolares, no tendría más que traer sus libros infantiles y canjearlos por otros de Cervantes, Stevenson, Mark Twain, Kipling, Lorca, Quevedo, Galdós... Pero el cambalache lleva ya dos días abierto y nadie ha efectuado esta operación de rescate selectivo; no sé si porque a nadie le atrae la idea o, quizá, porque los posibles interesados están ya bien abastecidos.

1 comentario:

Mery dijo...

Qué curioso mercadillo. Qué felicidad revolviendo entre hoojas atrasadas e historias eternas.