martes, julio 08, 2008

MONTEJO

Me entero ayer, en la presentación de un acto literario, de que el poeta venezolano Eugenio Montejo murió hace justo un mes. De nuevo, la ley de las casualidades: precisamente estos días ando releyendo la amplia muestra de la poesía de Montejo que se incluye en la compilación Conversación con la intemperie - Seis poetas venezolanos, que ha publicado Galaxia Gutenberg. Decía el presentador del acto de ayer que ese mismo día se celebraban varios actos simultáneos de homenaje al poeta venezolano en diversos lugares de España. Mi homenaje, inconsciente, era esa lectura, que ahora adopta un inesperado sesgo necrológico.

Conocí la obra de Montejo casi cuando desesperaba (más por falta de información mía que por otra cosa) de encontrar algún poeta hispanoamericano actual que coincidiese de alguna manera con los postulados en que se ha basado la poesía peninsular desde mediados de los ochenta. Esos poetas existían, y no han hecho otra cosa que aflorar desde entonces. Pero, cuando llegaron a mis manos los poemas de Adiós al siglo XX que publicó RevistAtlántica, de cuyo consejo de redacción formaba parte yo por esas fechas, el tono y la dicción me parecieron absolutamente inusitados: una ironía razonada, expresada en un lenguaje llano, sin aspavientos ni esa clase de enormidades telúricas que tanto han contribuido a ese cansancio de lo hispanoamericano que tantas veces hemos experimentado... Me alegró que ese libro se publicara en Renacimiento, y que otros posteriores del mismo poeta, como La partitura de la cigarra, lo hicieran en Pre-Textos, editoriales muy identificadas con esa sensibilidad de la que hablábamos. Esa proximidad me facilitó que pudiera localizar al autor -creo que fue a través del poeta cordobés Rafael Adolfo Téllez- para pedirle, en 1999, un artículo sobre Borges para un monográfico de La Ronda del Libro que andaba yo preparando entonces. El mismo periódico publicó la reseña que Pedro Sevilla hizo de La partitura de la cigarra. Por esa misma época le debí de mandar mi libro Los extraños, y por ahí debe de andar su amable acuse de recibo.

Con todo esto quiero decir que con la muerte de Montejo se cierra también un capítulo de mi propia andadura personal y literaria. O que, como él mismo dijo:

Viajan conmigo mis amigos muertos.

1 comentario:

Mery dijo...

Yo me enteré de su muerte por un amigo blogero, mas o menos dos dias después.
Si, viajan conmigo mis amigos muertos