sábado, julio 26, 2008

NECROFAGIA

Con la reducción del número de accidentes de tráfico, debida –dicen– al carné por puntos y al endurecimiento del Código Penal, han disminuido también las donaciones de órganos. Dicho crudamente: a menos muertos, menor número de vísceras que puedan remediar a los vivos. No es que me parezca mal que lo que ya no sirve a unos beneficie a otros. Pero no puedo dejar de apreciar en esta correlación la naturaleza esencialmente necrófaga del mundo en que vivimos. Es el mismo principio que rige en las herencias, cuando los afligidos herederos se reparten el ajuar del muerto. Y es también una metáfora de cómo funciona la sociedad en general, en la que no hay bien que no derive de una pérdida, ni daño que no proceda de un presunto beneficio.

Sin ir más lejos, hay quien dice que la actual crisis económica deriva de ciertas bienintencionadas decisiones del gobierno norteamericano que datan de los tiempos de Carter. Este presidente, como es notorio, llegó al cargo con los mejores propósitos y no cosechó otra cosa que una larga serie de catástrofes. Son conocidas las pertenecientes al ámbito de las relaciones internacionales. Pero de lo que se ha hablado poco hasta ahora es de las consecuencias económicas de algunas de sus decisiones. Hay quien dice que fue un decreto suyo el que obligó a los bancos a conceder créditos a personas declaradamente insolventes, con el fin de evitar discriminaciones raciales y sociales, y que eso ha sido lo que, a la larga, ha llevado a la actual crisis bancaria. Y también hay quien dice que, al socaire de esa medida, la banca encontró un método eficacísimo para extender su mercado a quienes, a diferencia de la clase media, no andaban todavía uncidos al yugo de una hipoteca; y que, como los pobres no siempre pueden devolver los créditos hipotecarios, el embargo y posterior venta de sus viviendas ha sido tambíen una fuente de ingresos para los acreedores…

No soy de los que creen en la maldad intrínseca de los bancos o de cualquier otro agente económico: lo que sí creo es que vivimos bajo sistemas económicos bastante toscos, que aseguran el flujo de riqueza y un cierto menudeo capaz de proporcionar medios de vida a capas amplias de la población, pero que fácilmente deja en la estacada a grupos sociales enteros. Y aquí ocurre lo que con los órganos: cuando se intenta atajar un problema, cerrar una de las heridas del sistema, surge una carencia nueva en otra región del mismo.

O tal vez lo que ocurre, simplemente, es que no hay medida que baste a remediar esa tosquedad general. Quizá por eso las crisis no dejen de tener cierto efecto terapéutico: tenían que cerrar esos bancos; tenían que cerrar, merecidamente, las inmobiliarias que construían castillos en el aire. Lo terrible, ya se sabe, es que estas caídas arrastran consigo a quienes no tienen culpa de nada.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

Bárbara dijo...

Yo estoy bastante pez en economía pero me pregunto por qué en época de crisis, ahora mismo vaya, leo en los diarios de aquí que la CAM y el Banco de Valencia han aumentado sus beneficios en torno a un 10%. ¿como en el casino, la banca nunca pierde?. Si hay beneficios, se los echan al bolsillo unos pocos, si hay pérdidas, hay que repartirlas entre todos.
Siempre es un placer leerte.