lunes, julio 07, 2008

NOS DISTRAEMOS

Llevado por las lecturas filosóficas de los últimos días, releo este fin de semana El banquete de Platón. De nuevo, la desasosegante evidencia de que es necesario releer casi todo lo que uno daba ya por leído: a los dieciocho o veinte años, una lectura de este calado no aporta más que la satisfacción de haberla hecho, amén del cumplimiento de alguna que otra exigencia académica. Y no porque ahora me vea más platónico que antes; sino, tal vez, por todo lo contrario: porque lo que menos me interesa ahora de una lectura de Platón es la doctrina, lo extractable, el pequeño hatillo que puede uno hacerse a base de subrayados y notas al margen. Naturalmente, no es que ahora me parezca desdeñable esa doctrina. Pero disfruto mucho más el hecho de que venga, digamos, tan bien servida; que se nos brinde el curioso pormenor de que el texto no es más que el relato que ameniza una larga excursión a pie (la que hacen un tal Apolodoro y un acompañante entre el puerto ateniense de Falero y la urbe), y que el diálogo propiamente dicho, según lo refiere el tal Apolodoro, es una argucia para distraer la resaca del día anterior, en el que los contertulios ya bebieron lo suyo. Una charla de borrachos reticentes, podría decirse.

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Subida al Cerro de los Batanes, de nombre tan quijotesco. El sendero está hecho de las mismas piedras que vemos derramarse en los numerosos canchales que nos salen al paso. Entre piedra y piedra, grandes grietas y agujeros, como si las lluvias hubiesen lavado la tierra que las unía. Sensación de estar caminando sobre un cascarón agrietado, que podría desmoronarse de un momento a otro. Pero ahora pienso que esa sensación ya venía conmigo antes de pisar este monte.

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Y, para rematar el día, y completar el rompecabezas, unos minutos de Alí, la película de Michael Mann sobre el que también se llamó Cassius Clay. Lo del rompecabezas lo digo porque estos primeros minutos narran el combate entre Clay y Sonny Liston, con el que también nos habíamos tropezado en alguna lectura reciente. La película, por cierto, pasa por alto el carácter dudoso de la victoria de Clay sobre Liston en el segundo combate, y obvia toda la polémica respecto al famoso y poco creíble phantom punch que decidió la victoria: se ve que ciertos detalles no casan bien con la intención más o menos hagiográfica de estas biografías de negros famosos, tan políticamente correctas.

Pero a lo que iba: esta escena me hubiera pasado desapercibida, así como el nombre del rival de Clay, si no hubiera sido porque el libro de Pardo sobre la "cultura de masas" que acabo de leer saca a colación a estos personajes. Lo que me lleva a dos conclusiones: 1) de la cantidad de estímulos que uno recibe al cabo del día, uno no percibe más que aquellos de los que ha sido previamente alertado; y 2) lo que implica, en fin, que, como no hay garantía de que esas "alertas" se refieran a lo más importante y significativo de lo que nos sucede, es posible que nos estemos perdiendo nada menos que el hilo central de lo vivido, mientras nos distraemos con otras cosas.

2 comentarios:

TOMÁS dijo...

Una conversación de bebedores nocturnos actuales, pero con luces de otros tiempos, desde luego. Saludos, Tomás.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

E. G-Máiquez dijo...

Extraordinario trébol, José Manuel. Enhorabuena y gracias.