martes, julio 29, 2008

PATÉ DE CARABINEROS

También parecía una república utópica la humanidad congregada alrededor de la piscina de esta urbanización, a la que acudo por invitación de un amigo. No suelo frecuentar esta clase de sitios, por lo que no deja de llamarme la atención lo bien cuidado que está todo y el escrupuloso respeto que todo el mundo muestra hacia las normas. Todo lo contrario, en fin, de lo que sucede en la mayoría de las piscinas públicas, que son las que yo suelo frecuentar durante mis veraneos en la sierra. Y es curioso que una comunidad de vecinos (tal es, al fin y al cabo, el ente que gestiona esta piscina privada) sea más efectiva, a la hora de poner en marcha y mantener un servicio comunitario, que un ayuntamiento. Lo que, después de todo, no deja de ser una vergüenza para los ayuntamientos.

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Esa mujer se ha quitado y vuelto a poner el sujetador del biquini una docena de veces. Parece que no sabe qué hacer con sus tetas. O que las tetas, en fin, como otras proyecciones de nuestra realidad física y mental, la cargan con algo así como un exceso de autoconciencia. Que es una de las cosas que más estorban en una playa.

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El paté de carabineros estaba bueno, sí. Por eso la ración era tan pequeña. Y tan cara. Aquí también tienen sus teorías respecto al verdadero valor de las cosas. Nada es excesivo ni abundante. Y todo satisface. Y lo que duele, quizá, no es tanto la cuenta como la conciencia de que aquí nos conocen demasiado bien.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Adam Smith lo escribio hace mucho: si la piscina es propia -del amigo y sus vecinos- es tratada con esmero; si es publica es maltratada, valga el pleonasmo -ya sean los gestores o los usuarios-. Es triste, pero es. El civismo, la educacion, la solidaridad escasean. Mario