miércoles, julio 02, 2008

SOBREACTUACIÓN

Lo que llamamos "sobreactuación" no es sólo un defecto en el cine o en el teatro, sino, sobre todo, en la vida. Veo ayer 091, policía al habla, de José María Forqué: lo peor de la película, y lo que casi la invalida, es la interpretación de Adolfo Marsillach. Más que sobreactuar, exagera cada gesto, hasta hacerlo inverosímil. Pero, pensándolo mejor, he visto peores actuaciones en situaciones reales, algunas muy recientemente. El énfasis excesivo, los golpes de pecho, las entonaciones sibilinas, los gestos de falsa conmiseración... El pan de cada día. Y es que hay personas a las que, después de oírlas, habría que dedicarles un sonoro abucheo, siempre.

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Las vacaciones empiezan siempre con alguna avería doméstica. Como si las cosas, ahora que tenemos tiempo, exigieran que les dedicáramos la atención que les hemos negado el resto del año.

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El final del libro de José Luis Pardo es una elegía por el estado de bienestar. Quizá una de las pocas realizaciones políticas realmente benefactoras, pese a sus muchísimos defectos e insuficiencias. Pero qué pocos defensores ha tenido, y cuántos, dejándose llevar por la bilis y la retórica de tales o cuales radicalismos de viejo o nuevo cuño, se han dedicado a socavar sus cimientos. Qué ahora amenace con venirse abajo estrepitosamente no debería extrañarnos. Y, sin embargo, no hay posibilidad de vida civilizada que no conlleve la exigencia de su inmediata restauración.

3 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Curiosa coincidencia: siempre he visto en las series españolas de policías ese vicio de la sobreactuación. Pienso, por ejemplo, en Tito Valverde en "El Comisario", y en algunos de sus compañeros de reparto. Quizás el género policíaco aún despierta en nuestros actores cierto recelo, cierto temor de no dar la talla exigida en circunspección y dureza. Saludos nocturnos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Quizá el policíaco exija, no actores, sino "tipos". Y hay pocos actores (en España, al menos) que se resignen a eso.

Mery dijo...

Pienso que los actores españoles , en general, fallan mucho en el tono de voz empleado, lo que conlleva una distorsión del personaje, esa sobreactuación que lo hace tan poco creíble, e irrisorio.
Un ejemplo muy evidente: Antonio Banderas cuando se dobla a sí mismo al español. Terrible.

Ahora bien, si hablamos, además, de la vida real...pues Dios nos coja confesados. Aunque esas personas se dejan ver el plumero a primera vista.

Del libro que comentas, no puedo opinar,no tengo ninguna referencia.