viernes, julio 18, 2008

TOPLESS

Escribo en unas tres horas la reseña para El Cultural y el artículo para el Diario. Sensación de haber trabajado a destajo. Pero, también, de que, calentados los motores, podría escribir siete artículos más, si fuera necesario. (Y la idea, un tanto preocupante, de que, si soy capaz de llegar a este estado de, digamos, productividad óptima, es porque la escritura constituye para mí, hoy por hoy, el único verdadero intervalo de reflexión que me permito; o, dicho más claramente: que no pienso de otro modo que escribiendo.)

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Aparece un señor por mi ventana, aupado en una plataforma elevadora. Es uno de los pintores que andan "bajándonos" la fachada. Lo saludo, le transmito algunos de esos tiquismiquis que solemos abrigar los afectados por obras, le pregunto si desea que quite las macetas o retire la tela metálica que impide que K. se pase al balcón del vecino... Y luego bajo la persiana con la sensación de que habrán de pasar muchos años antes de que pueda repetir un diálogo en estas extrañas condiciones.

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Una de esas tardes esplendorosas, de las que el verano depara como máximo una docena: calor, ausencia de viento, aguas transparentes y serenas. Después de darme un baño, me siento bajo la sombrilla e inicio la lectura del Fedón, que viene a ser una especie de tratado del bien morir... De vez en cuando, levanto la mirada e, involuntariamente, la poso en la muchacha en topless que tengo tumbada a unos cinco metros de mí. Y no hay contradicción entre ninguno de los estímulos que en mí concurren, como si la coexistencia de la tarde espléndida, las honduras del pensamiento y la desnudez patente no fueran sino tres formas de una misma sensación que, a falta de una palabra más precisa, llamaré... plenitud.

5 comentarios:

Profesor Franz dijo...

Los anacoretas de la Leyenda Áurea también solían ser distraidos de sus meditaciones sobre la inmortalidad del alma por tentadoras imágenes carnales. Arroje agua bendita sobre la impúdica y verá como huye transformada en escuerzo.

gutiforever dijo...

A mi la léctura del Fedón,desde luego, no me despertó sensaciones lúbricas.
Una conversación entre Equécrates y Fedón de Elis, y la vista de un buen parte de tetas, son absolutamente contrapuestos,Ariza,por lo menos par el que esto suscribe.
Quizás es que yo sea un heterosexual repugnante,de los que Bibian Aido hace trazo grueso, no lo sé...
Pero "plenitud", lo que se dice plenitud,....no.

Coda:
Cosa distinta es que sentara a la susodicha dama de mamas libérrimas en sus rodillas y le explicara quienes eran Simmias y Cebes.
Ahí me callo.

Bárbara dijo...

Bueno, yo creo que la plenitud fue efecto, no sólo de las tetas y el Fedón, sino de esas cápsulas ingeridas en la mañana: las estimulantes(las rojas) del trabajo intelectual, la tranquilizante (la verde) del contacto con el currante, que en la tarde lenta empezaron a hacer efecto.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Los tres tienen razón, cada uno a su modo.

Mery dijo...

Si hubieran dado las 12 en el reloj sería la plenitud misma que apuntaba Jorge Guillén.