viernes, agosto 01, 2008

CIENCIAS, LETRAS

Las letras requieren menos esfuerzo que las ciencias; y, por tanto, los estudios de letras son mayoritariamente elegidos por los alumnos más vagos y dispersos, mientras que los de ciencias son los preferidos de los estudiantes más serios y responsables... Tal es la opinión generalizada, según confirmaba hace poco un periódico nacional. Y uno, que ha estudiado letras, se siente un tanto en evidencia. ¿Descubrirán mis padres ahora que, en el fondo, pese a mis buenas notas y a haberles invadido la casa de libros, no soy más que un vago? Los propios profesores de una y otra rama, leo, asienten al tópico: los de ciencias recomiendan piadosamente a los alumnos más torpones que se pasen a la opción contraria; y los de letras andan convencidos de que los discípulos que tienen no están ahí porque hayan sentido la sagrada llamada de las artes, sino porque creen que para aprobar lo suyo basta con memorizar unos folios o “bajarse” un trabajo del Rincón del Vago, esa socorrida página de Internet.

Claro que no siempre son así las cosas: a veces, el especialista más competente en lo suyo pasa verdaderos apuros a la hora de redactar una simple circular vecinal; o, a despecho de su acreditada valía profesional, es incapaz de apreciar un libro o una película de complejidad mediana. Y también estos casos particulares sirven para alimentar el tópico de que, en definitiva, el científico o el técnico sabe de lo que le compete, mientras que el “de letras” sabe un poco de todo, que es lo mismo que no saber de nada… Algo de eso hay. La humanidad se divide en especialistas y en personas que tienen un conocimiento amplio y general de las cosas y sus relaciones. Lo lógico sería que unos y otros pudieran codearse sin complejos, sabiéndose complementarios; y hasta cabría imaginar que un ingeniero, pongamos, sintiera una genuina admiración por el filósofo que trata de discernir el sentido del conjunto; y que un filósofo, a su vez, anhelara para su oficio (como de hecho ocurre) la exactitud y precisión de las que hacen gala quienes saben diseñar un motor.

Pero el objetivo de nuestro sistema educativo no parece ser garantizar esa liberadora amplitud de miras, sino capacitar mano de obra. Y si para eso hace falta crear científicos que, en cualquier otro respecto, son analfabetos, y reducir los estudios de letras y humanidades a su mínima expresión (prescindiendo, por ejemplo, de las lenguas clásicas), no hay problema. Tal vez ésa sea la verdadera función del tópico: que cada cual se atenga a lo suyo y mire con desconfianza al otro; no vaya a ser que, invadiendo el predio ajeno, un arquitecto filósofo, pongo por caso, pretenda, no ya construir una casa y cobrar por ello, sino contribuir un poco a aliviar la infelicidad humana. O que un poeta conciba edificios para vivir en las nubes, que también puede ser.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

6 comentarios:

TOMÁS dijo...

Efectivamente, el tópico es ya antiguo. Recuerdo que cuando estudiaba Filología Hispánica, en mi propia familia debía explicar que estudiaba "para profesor de Instituto de lengua y literatura". Creo que los estudios están reproduciendo los modelos de la ciencia, esto es, la especialización incluso en las letras. Ahora resulta que si no haces un doctorado sobre un escritor perdido de una época cualquiera -que escriba bien es lo dem menos- ya eres mejor filólogo que si espigas por aquí y por allí. Especializarte, pero ¿cómo se va a especializar alguien que no posee una base sólida? Ese es el problema, sin una base de conocmientos de todo tipo, toda especialización termina en la nada o en la incompetencia. Ahí están algunos profesores de Universidad o de Instituto o de... con faltas de ortografía, de conocimientos, de aprecio por lo ajeno, entre otras carencias.
Salud.

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Un tópico que fomenta,cada vez más, el propio sistema educativo.
Saludos,
Diego

Anónimo dijo...

Bueno, qué bien que exista Joan Margarit, que es poeta y arquitecto.
Un abrazo:
JLP

Profesor Franz dijo...

Un par de comentarios al respecto:
- A los de ciencias, para ser considerados cultos, se les exige una cierta competencia en letras: que lean libros, que entiendan de arte... A los de letras, por el mero hecho de serlo, la cultura se les supone. No es justo. La ciencia también es cultura.
- No debería ser considerada culta una persona que ignora lo que ocurre en las artes y las letras (o la ciencia) en el siglo XXI. Y son mayoría. Muchos hasta presumen de ello.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Respecto a lo que dice Tomás: no sólo se anima a la gente a especializarse en lo nimio, en detrimento de lo importante; también se le obliga a hacerlo a una edad excesivamente temprana, cuando no ha habido tiempo material de adquirir una base humanística sólida: véanse, si no, la mayoría de las becas de investigación que se convocan y sus absurdos límites de edad.

Y, por supuesto, estoy de acuerdo con el Profesor Franz: un verdadero humanista también debe estar informado de lo que ocurre en el campo de las ciencias. El presunto "hombre de letras" que presume de ignorancia en todo lo demás no es más que un pedante.

Raúl dijo...

Deberíamos de tender a una concepción más humanista del saber, obviamente; a un espíritu renacentista y global que no delimitara en barrios o guetos el conocimiento.
Buen blog, muy buen blog.

Pd.- Por lo que leo, no sólo compartimos apellido, sino también algún que otro gusto literario.
Un saludo.