miércoles, agosto 13, 2008

EN LA INTIMIDAD

Naturalmente, volví a la calle del otro día para levantar acta de la librería de viejo que entonces encontré cerrada. Pero apenas he doblado la esquina cuando veo un coche de los mossos d'esquadra parado justo delante de la tienda. A gritos, un hombre joven de aspecto magrebí dice a los policías que él sólo pasaba por allí, mientras una mujer, también a voces, le recrimina algo y un corro de mirones, entre quienes se encuentra un viejo que tiene todo el aspecto de ser el dueño de la librería, apostilla lo que cada cual cree conveniente... Como no me gusta pasar por indiscreto, vuelvo sobre mis pasos y doy una vuelta a la manzana. Al cabo de unos quince minutos regreso al lugar del delito. La policía se ha ido ya, y frente a la librería ha vuelto a sentarse el ruidoso ramillete de muchachas equívocas del otro día: el el caso de que sean lo que creo que son, no deben de tener mucha clientela, y más bien parece que están ahí por si acaso un golpe de suerte les trae a algún primo, pero sin que ellas tengan que tomarse el trabajo de ir a buscarlo.

Entro en la librería. Nada más poner el pie en la misma, el viejo que antes identifiqué como dueño de la tienda me aborda y me dice, en un catalán muy nasal y cerrado, que en castellano sólo tiene los libros que están junto a la puerta. Es mentira, como comprobaré dentro de poco. Le digo que no importa, que también (miento, para no ser menos) leo catalán (me falta añadir en la intimidad, como dijo aquél). Veo que he dado con uno de esos libreros difíciles, empeñados en espantar a la posible clientela que viene a hurgar en su zahúrda. Pero soy de los que se crecen en circunstancias adversas. De momento, para tranquilizar al viejo, examino el expositor giratorio al que, según él, se circunscriben sus existencias de libro castellano. No sin suerte: encuentro en ella los Cuentos de mamá de Francisco García
Pavón, de los que yo conocía algunos con los que me había tropezado en los libros de lecturas escolares de mi infancia, y que incluyen "El Ford", un hermoso relato que, por vericuetos que no contaré ahora, siempre me trae a la memoria una anécdota infantil que suele contar mi padre. Animado por el hallazgo, doy un paso al frente. El viejo, que no ha parado de despotricar en todo el tiempo, vuelve a salirme al paso. Educadamente lo rebaso, no sin dejar de decir "Sí, sí, gracias" a todo lo que me dice y que no entiendo. En la librería, en contra de lo que afirma el viejo, hay tantos libros en castellano como en catalán. De todos modos, como no es del todo incierto que yo, de vez en cuando, me atrevo a leer un poema en la noble lengua del Principado, voy haciendo acopio de los libros de poesía catalana que encuentro aquí y allá: las Horacianes de Miquel Costa i Llobera, la Antologia general de la poesia catalana de J.M. Castellet y J, Molas, la Obra poètica de Bartomeu Rosselló-Pòrcel, Salvatge cor, de Carles Riba... Tengo incluso la desfachatez de preguntar el precio de los libros que voy echándome al coleto. Y entonces acude en ayuda del viejo un hombre un poco más joven, que sí se aviene a hablar en castellano, y que incluso me ayuda en mi escrutinio en busca de libros de poesía catalana. Animado, al final, a la hora de pagar, me atrevo a preguntar por el incidente que presencié minutos antes. "Nada -dice el hombre-. Unos musulmanes que le han robado el bolso a una muchacha". Me llama la atención el modo de identificar a los ladrones por la confesión religiosa. Es como si uno dijera: "Unos anabaptistas, que me han pasado un billete falso", o "Unos anglicanos borrachos, que me han agredido en un bar". Pero no digo nada. Me basta con la sensación de haberme salido con la mía. Lo que, en las circunstancias descritas, no es poco, no.

10 comentarios:

www.minificciones.com.ar dijo...

Me ha parecido muy interesante el texto, muy bien narrado y me ilustra de manera perfecta una situación costumbrista de España (lugar en el que nunca he estado) y con tristeza, puedo ver como el trasfondo se repite no importe el lugar.

Te dejo un saludo, llego a tu blog de casualidad y fue un gran placer haberlo hallado.

Aprovecho para dejarte una invitación para que conozcas mi espacio.
www.minificciones.com.ar

Delfín

Mónica dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mónica dijo...

Borré el comentario y ni cuenta me di. Sólo quería decirte que me gustó tu relat. Parece que las librerías de viejo y sus visitantes, los "cazadores" de libros raros o perdidos, son iguales en todo el mundo.
Un saludo

arati dijo...

Si te gusta rebuscar libros de viejo, lo suyo es acudir el domingo por la mañana al mercado de Sant Antoni. Si te apetece guia para eso o para cualquier otra cosa, aquí tienes una lectora, admiradora y barcelonesa disponible y contactable a través de JL Piquero. A mandar.

Disfrutad la estancia y que no os avasalle el cutre-turismo masificado que asola esta ciudad... están volviendo los bárbaros.

Saludos

Judith

Carbones dijo...

Conozco esa librería de Lérida. Recuerdo la giratoria a la entrada, con libros de Bruguera. Las vitrinas de cristales, la calle en cuesta...y la mala follá del viejo.

Allí compré muchos libros, pero donde más joyas pillé fue en el mercadillo del domingo de la rambla de Ferrant. Se convirtió en un vicio ir todos los domingos allí de caza.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Disculpad que no haya contestado en varios días: he estado fuera de casa. Judith: tomo nota de tu amabilísimo ofrecimiento; en esta pequeña excursión catalana no he llegado a Barcelona; pero todo se andará.

Anónimo dijo...

Estoy un poco sorprendido por la supresión de mi comentario. No sé si es porque incluía mi móvil. En todo caso era un ofrecimiento generoso, siguiendo el de Judith y con su aquiescencia. No tengo aquí tu dirección de email. Siento algo parecido a la incomodidad.
Saludos.
JLP

arati dijo...

Vaya, me salté el post anterior e interpreté mal, pensé que estabas por Barna.

Pero mi ofrecimiento sigue en pie para cuando te apetezca, y si vienes con tu familia yo también tengo una hija... juntar a la gente menuda suele resultar en que ellos lo pasan mejor y es un descanso para los adultos.

Saludos

José Manuel Benítez Ariza dijo...

JLP: Suprimí tu comentario para no dejar tu móvil "expuesto" demasiado tiempo; pero te mandé un correo aparte para explicártelo y para agradecerte tu amable ofrecimiento. Siento haber causado esa "incomodidad", del todo involuntaria.

Y Judith: tomo nota. Barna es algo así como mi asignatura pendiente.

Anónimo dijo...

Mis disculpas. No recibí ese correo quizá porque estoy migrando mi dirección y, aunque en principio me los reenvían, creo que estoy perdiendo algunos. Todo aclarado y has hecho bien.
Un abrazo.
JLP