martes, agosto 26, 2008

SOMBRAS

El método de Jaeger en su Paideia al principio produce cierta desazón: en su tratamiento de los fundamentos de la cultura griega, no condena jamás, no incurre nunca en el desnortado procedimiento de arramblar con lo previo para ensalzar lo posterior, o viceversa. Cada fase de su objeto de estudio aporta al conjunto ideas y principios que merece la pena ponderar en su justo valor... Por ello, según el capítulo que leamos, puede parecer un ardiente defensor de los valores de la aristocracia guerrera o un admirador del fermento social y cultural que terminó con esa aristocracia. Supongo que por ello sigue siendo una presa fácil de quienes quieren ver en este historiador de la cultura las siniestras concomitancias de la época y el país en que vivió. Haber ejercido una labor intelectual relevante en la Alemania de los años treinta es un cargo del que ni siquiera lo absuelve a uno haberse exiliado a tiempo, como fue su caso (y el de Thomas Mann, y el de muchos otros). Hay, por ejemplo, quien le imputa haber usado la palabra Führer para designar a Pericles. Naturalmente, estoy leyendo el libro en traducción española, por lo que no puedo corroborar este extremo; y tampoco sé si esa palabra era de uso común entonces y estaba libre de las terribles connotaciones que terminó adquiriendo. Lo que sí está claro es que, si Jaeger se dejó llevar en alguna ocasión por el clima político de su época, tuvo tiempo de arrepentirse.

En otra página de este cuaderno he anotado mi impresión de que esta obra del espíritu responde a una conjunción de hombres buenos que trabajaron en circunstancias hostiles. Tan hostiles, en fin, que siguen proyectando injustas sombras sobre ella setenta años después.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Le recomiendo El Bien Perfecto de Miguel García Baró.

Manuel G. dijo...

La época marca muchas cosas. La ideología nazi, se sustentaba sobre una ideología más general que afectaba a todos, no sólo a los nazis.

Esos valores aristocráticos, las teorías raciales... estaban a la orden del día en la cultura europea de la época, en Inglaterra por ejemplo. En España, nuestro Ortega, Unamuno, reflejan en sus textos unos conceptos de supremacías culturales y raciales semejantes, pero con cierta benevolencia, en forma de paternalismo.

Lo que diferenciaba a los nazis era quizás la virulencia, el fanatismo. Pero las ideas estaban ahí en la época.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Esa "ideología más general" no era sino la crisis del pensamiento liberal, que en cierto modo se mantiene hoy. Pero con la particularidad, en fin, de que el liberalismo ha sabido interiorizar esta sensación de crisis permanente, que lo fortalece y le da una vitalidad de la que carecen las ideologías totalitarias. Unamuno y Ortega pertenecen, creo, a ese valioso liberalismo en crisis, y no, como diagnosticaba Arnold Hauser, a cierta oleada de pensadores "prefascistas".