viernes, septiembre 19, 2008

CURIOSIDAD

No entiende uno el funcionamiento de la mayor parte de los aparatos eléctricos que usa al cabo del día, así que mal les podría explicar el experimento que están haciendo en Ginebra, consistente en lanzar un haz de protones a lo largo de un túnel de veintisiete kilómetros y esperar a que, cuando este haz choque con otro lanzado en sentido contrario, se produzcan no sé qué reacciones de las que es posible que surja la partícula madre del Cosmos… No entiendo nada, pero me quedo boquiabierto de admiración y se me llena la mente de preguntas. Y como no tengo quien me las responda en términos que yo pueda entender, se me dispara la imaginación y se me ocurren toda clase de hipótesis fantásticas. Supongamos, por ejemplo, que el experimento tiene éxito y se origina la dichosa partícula-madre. ¿Y si ésta, haciendo honor a su nombre, se pone a trabajar y da lugar a otro universo? ¿Cabrá ese otro universo dentro del nuestro? A lo mejor, como esto de los tamaños es siempre relativo, ese universo recién nacido cabe en la palma de la mano y se puede llevar en el bolsillo. Por lo que es muy posible que, para sufragar los gastos, los patrocinadores del experimento pongan a la venta esos universos portátiles, y nos pasemos las horas muertas contemplando una inquieta burbuja en la que suceden toda clase de cosas: choques cósmicos, contracciones, expansiones, guerras, terremotos… Hasta que nos aburramos y tiremos el nuevo juguete a la basura. Lo que nos hará pensar que a lo mejor el universo en el que vivimos es también un desecho arrojado a un inconcebible cubo de basura, y que por eso ocurren en él tantas cosas feas, impropias y desagradables.

Disculpen que fantasee. Al fin y al cabo, no creo que esta ocurrencia mía tenga menos fundamento que algunas de las que circulan estos días por Internet a propósito del experimento ginebrino. Hay quien ha imaginado, por ejemplo, que el esperado choque de partículas dará lugar, no a la buscada partícula-madre, sino a un agujero negro que se tragará el mundo. Los de Ginebra se han apresurado a desmentirlo; y el propio Stephen Hawkins, que es quien más sabe de esto, ha declarado que, en caso de que surja el temido agujero, se disolverá por sí solo, como una pompa de jabón en el aire. Claro que nadie puede asegurar que la verdadera realidad no sea la que habita esos agujeros, y no la que conocemos. Con lo que volvemos, en fin, al cubo de basura de antes, en el que Dios arroja sus bocetos fallidos.

Fantasías aparte, lo mejor de todo este despliegue es que carece del menor propósito práctico. No sirve para nada: sólo para responder algunas preguntas; o, quizá, para negar la pertinencia de todas las preguntas formuladas hasta ahora. Y eso, en un mundo en el que la curiosidad se considera poco menos que de mala educación, es muy digno de aplauso.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Imagino que sabrás, querido José Manuel, que el sistema de seguridad de este "experimento de la historia" fue hace unos días asaltado por un grupo de hackers de origen griego, que se limitaron a dejar un mensaje advirtiendo de las fallas de seguridad. La verdad, yo creo que más que los supuestos agujeros negros que podrían surgir (con toda su literatura apocalíptica), debemos temer el poder de los piratas informáticos. Porque éstos se nos meten en la casa tan fácilmente...
(Ahora sí)
Saludos.

Manuel dijo...

Creo que el estudio de partículas subatómicas no sólo sirve para responder a preguntas, también para muchas aplicaciones prácticas que como siempre tendrán un doble filo. Ojalá, nos ayude a comprender como funciona la fusión nuclear (como se origina y controla). El otro extremo puede traer de la mano las temidas bombas de antimateria, mucho más potentes que las nucleares. Ya veremos como rentabilizan la inversión.
En todo caso, se ha hablado de un apocalipsis, aunque inducido, generado por naturaleza y no del talento destructivo que posee el hombre y puede ejercer. Parecen cortinas de humo. ¿Quién sabe?
Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tiene razón, Manuel: he exagerado un poco la gratuidad del experimento para subrayar su lado imaginativo, que es lo que me ha llamado la atención de él. Y me parece muy agudo lo de la cortina de humo: sí, es extraño que no se haya hablado de posibles aplicaciones militares.