lunes, septiembre 01, 2008

DE LIBRO

Aquí -lo he anotado otras veces- suelen despedir el verano con cohetes. Casi siempre los escucho desde la cama, porque los tiran tarde y al día siguiente hay que madrugar, y, además, no está uno para juergas ese día aciago en el que acaban las vacaciones. Pero también me ha ocurrido, algún año, que, al oír los primeros zambombazos, me han entrado unas ganas irresistibles de verlos, y me he levantado y he salido corriendo a la azotea; y, desde allí, al verlos tan lejanos, al parecerme tan pequeñas esas burbujas como de champán multicolor que trazan en el aire, me han producido una indecible sensación de futilidad y melancolía. Así que este año he bajado a verlos a la calle, me he unido a la multitud que asistía al concierto del guapito hispanoamericano encargado de clausurar la temporada festiva, he gozado con las evoluciones de los bailarines y los alardes de los percusionistas -estos cantantes de poca monta suelen ir acompañados de muy buenos músicos-; y, sobre todo, he disfrutado del efecto euforizante que produce unirse a una multitud bien dispuesta, en la que se mezclaban todas las edades y todas la tipologías humanas imaginables, desde el hombre maduro de barba blanca y aspecto meditabundo hasta la jovencita fea conmovedoramente histérica ante los movimientos pélvicos del artistilla en cuestión. Luego vinieron los cohetes. Y, ay, aunque esta vez los tenía ante mis narices, también me parecieron pequeños y lejanos, como las ilusiones efímeras del verano que acababa con ellos.

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Estas caras que nunca cambian; sólo envejecen.

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Me pregunta un buen amigo por el nombre de las flores que olió en cierta plaza de Cádiz. Oportunamente, tengo un libro que detalla la composición de cada uno de los parterres de los jardines de la ciudad. Pero estas flores de libro, con sus nombres tan bien puestos, no huelen igual que las que mi amigo (y yo, por delegación) trata (tratamos), de rescatar del fondo de la memoria. Esas flores de erudición, que nacen marchitas.

1 comentario:

Bárbara dijo...

Es que el olor es al recuerdo lo que Mozart a la música.
Aquí todo lo celebran con fuegos artificiales , no importa el día ni la hora que sea. Dan ganas de ir a metérselos a doña Rita (aquí es Valencia) por donde le quepan.