domingo, septiembre 28, 2008

LA ETERNIDAD

Imagino que cuando no hay nadie la casa también emite estos ruidos, desperezos y crujidos. Que yo esté hoy aquí para oírla no cuenta: para que ella se considere habitada hacen falta dos personas por lo menos. De ahí su absoluta falta de pudor: cómo crujen los marcos de las puertas, cómo ulula el viento en las rendijas de la ventana, cómo se impone al silencio el runrún normalmente imperceptible del frigorífico, sus paradas, sus repentinos estremecimientos. Así no hay quien se concentre en la lectura. Me levanto, cambio algún objeto de sitio, procuro engañar a la casa. Es inútil. Ella sigue actuando como si no hubiera nadie. Y llega un momento en que yo mismo dudo si estoy aquí.

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Imposible cocinar para uno solo: la comida que sobra, frente a ti, presupone siempre un convidado fantasma. Para no tirarla, comes algo más de lo necesario. Pero eso es precisamente lo que el fantasma deseaba: que le pusieran por delante un plato vacío.

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En una casa vacía, por último, no rigen los horarios. Te levantas a una hora desacostumbrada, te entra hambre demasiado pronto o demasiado tarde, ves una película cuando deberías estar durmiendo la siesta, duermes cuando deberías estar leyendo o escribiendo. No es que te sobre el tiempo; es, simplemente, que ha dejado de contar, porque la convención del tiempo exige también un mínimo de dos. Tal vez la eternidad consista en estar solo.

4 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Qué entrada más cinematográfica. La eternidad sólo puede ser en soledad; en compañía se parece más al Paraíso o al Infierno (otra tipo de eternidad). O, si me apuras, al negro cobijo de las dos almas de "Pedro Páramo".
Saludos.

Enrique Baltanás dijo...

Buenísimos los tres.
Pero quita lo de verificación de palabra, ya que tienes moderación. Es un coñazo.

Mery dijo...

En una casa vacía, que es como la siente uno cuando la habita solo, a veces parece que los objetos te fueran a hablar, de tanta pena que les dá uno arrastrando su soledad.
Me ha encantado esta entrada.
Un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias a todos. Enrique, yo no uso la moderación, ya que hasta ahora no he tenido demasiados problemas con los "hooligans" del medio. Sí, en cambio, me han colgado muchas veces comentarios parásitos, que remiten a páginas webs dudosas, al modo del spam. De ahí lo de la verificación de caracteres, que ya sé que es un coñazo. Pruebo a desactivarla unos días; pero, si vuelven a entrarme los mensajes parásitos, tendré que ponerla de nuevo.
Un abrazo.