lunes, septiembre 29, 2008

POR VARIAR

También los narradores omniscientes del realismo decimonónico sentían a veces ese pudor característico de quien se pone demasiado en evidencia y quisiera dar un paso atrás y dejar que la narración aflore por otros medios y desde otras perspectivas. En ese sentido, las vanguardias del siglo XX no han inventado nada. Véase, por ejemplo, ese capítulo de La de Bringas en el que Galdós, harto de manejar los hilos de una narración que ya camina hacia su desenlace, se decide a presentar los distintos elementos de la inminente crisis como entresoñados por una niña en un pesado duermevela forzado por una indigestión. Sólo que los narradores del siglo XIX, a diferencia de sus sucesores, no se embriagaban de palabras como "perspectivismo" u otras de ese jaez para ponderar sus logros. Llegaban a ellos por variar, como esas señoras que hoy avían el puchero con nabos y mañana con puerros, y siempre les sale apetitoso. Y no como esos cocineros que, a fuerza de disfrazar el plato, lo convierten en una porquería.

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