jueves, septiembre 25, 2008

PREFERENCIAS

Inesperado momento de felicidad, en uno de esos huecos que la irregularidad de mi horario laboral abre a veces en mis mañanas. Un libro de Eloy Sánchez Rosillo, Oír la luz, recién recogido del apartado de correos, una copa de vino, un modesto aperitivo para abrir boca, mientras van llegando los demás y aviamos el almuerzo. K. se me sube al regazo, husmea el libro y, como para darle su aprobación, frota el lomo contra el canto de la portada. No es la primera vez que la gata y yo estamos de acuerdo en nuestras preferencias literarias. Recién llegada a la casa, cuando apenas contaba con un mes de vida, recuerdo cómo la atraía la portada anaranjada de Understanding Poetry, el profuso manual de Cleanth Brooks y Robert Penn Warren. Que, bien mirado, no es mala iniciación a los placeres de la literatura. Aunque también hemos tenido nuestras desavenencias. Por ejemplo, con Calver: los dientes de K. están impresos en la portada de mi ejemplar de Cathedral. Pero, más que el detalle, me fijo en la vehemencia con que la gata expresa sus preferencias. Ojalá uno atinara a arrimar el lomo a los libros que ama, y aprendiera a clavar los dientes en los que aborrece, y no a disculparlos, como si la falta estuviera en uno, y no en ellos. En eso estoy aprendiendo mucho de K. Tanto que, hoy por hoy, es el crítico literario en el que más confío.

2 comentarios:

Profesor Franz dijo...

Ahora me deja con la duda. Cuando mi gato se meaba en los discos de rock sinfónico de los setenta estaba manifestando desprecio por tan decadente estilo o por el contrario los marcaba para afirmar su propiedad sobre ellos?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Hombre,siendo rock sinfónico de los setenta, yo creo que está claro que lo que expresaba era desaprobación. Todavía si hubieran sido discos de jazz...