jueves, septiembre 18, 2008

SE SALVA

La postal es siempre la misma, y lo único que ha variado a lo largo de los últimos días es su tonalidad, como si hubiera ido perdiendo color, o como si la fuente de luz que nos permite verla se estuviera agotando progresivamente. Aparece ante mis ojos todas las mañanas, cuando el autobús dobla la esquina: el horizonte, el mar plácido de la primera hora del día, el murete que separa la playa del paseo marítimo, la luna llena, y casi siempre un barco recorriendo la línea del horizonte, como una de esas panoplias móviles de los teatros, hacia la bocana del puerto.

El lunes, ya digo, esa primera avanzadilla de luz polarizada que manda el sol antes de aparecer efectivamente tras el horizonte prestaba a la escena una rara intensidad, una luminosidad sin sombras ni relieve, que más parecía un efecto fotográfico que una plasmación de las condiciones realmente existentes. El martes y el miércoles el paisaje se presentaba emborronado, por efecto de unas nubes accidentales, y uno todavía no había perdido la esperanza de que, detrás de ese oscurecimiento ocasional, siguiese palpitando el mismo paisaje irreal del primer día, con su barco abocado al limbo y su luna de papel de plata. Hoy ya no había duda: el cielo estaba despejado, como el del lunes, pero se había oscurecido y, por así decirlo, entristecido. El ánimo acusaba esa falta de luz, que invitaba a prolongar el sueño. Y la gente, pese a su atuendo todavía veraniego, parecía como embozada, dispuesta a cometer un crimen y a olvidarlo enseguida.

Menos mal que nos quedan las tardes doradas. Y es que el otoño se salva en los ocasos.

2 comentarios:

TOMÁS dijo...

Magnífico, José Mnauel. Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Morgenrot dijo...

Está cercano ya el equinoccio de Otoño.

Hoy llovizna en Sevilla, la luz es todo un esppectáculo.


Saludos cordiales