viernes, septiembre 05, 2008

V ÍSPERAS

En vísperas del comienzo de curso suelen hacerse públicas toda clase de noticias relativas a la escuela. Son, casi siempre, noticias viejas, porque hablan de cosas que ocurrieron hace meses, y que, si se hacen públicas ahora, es sólo porque, privadas de actualidad, no suscitan apenas reacciones, y sí sirven, en cambio, para validar el cúmulo de buenas intenciones que las autoridades suelen exhibir de cara al nuevo curso. Tal es el carácter, por ejemplo, del anuncio de que el setenta por ciento de los estudiantes madrileños de tercero de Secundaria ha suspendido el examen de matemáticas que se incluía en las “pruebas de conocimientos mínimos”, de carácter no evaluable, que se efectuaron en aquella comunidad el pasado mayo. Naturalmente, hay quien ha aprovechado para llenar alguna volandera página de agosto diciendo que eso se debe a que los profesores siguen empleando métodos memorísticos, en vez de enseñar a los alumnos a razonar. Pero he echado en falta que alguien explicase, o se preguntase al menos, cómo se ejerce esa milagrosa pedagogía socrática en centros escolares frecuentemente masificados y degradados… Con lo que la noticia, mal digerida e insuficientemente discutida, no servirá más que para justificar, en su día, cualquier arbitraria medida “correctora” que las autoridades quieran sacarse de la manga cuando les venga bien.

Por eso mismo agosto, con los colegios cerrados, es el mes ideal para hacer toda clase de anuncios polémicos referidos a la educación. Ha ocurrido en Italia, donde el gobierno que preside Silvio Berlusconi ha aprovechado la canícula para decretar un conjunto de medidas destinadas a combatir, dicen, el gamberrismo escolar. Entre ellas, la reintroducción de las viejas y temidas “notas de conducta”, que pueden suponer, en caso de suspenso, que el alumno afectado no pase de curso. La medida, lógicamente, ha suscitado críticas furibundas; pero las encuestas señalan que el setenta por ciento de los ciudadanos la apoyan. Tal vez eso explique el sospechoso silencio que sobre esta noticia se ha hecho en España, donde el discurso oficial sobre la educación va por otros derroteros.

También en las gacetillas de la escuálida prensa de agosto hemos leído que algunos institutos de Nueva York han decidido pagar una suma de dinero a los alumnos que no falten a clase y aprueben los exámenes. Y, una vez más, hemos echado en falta, en la atonía agosteña, el necesario debate sobre si realmente los jóvenes y sus familias (y, por qué no, las autoridades y los propios profesores) saben para qué sirve la escuela y para qué se estudia, y si son (somos) capaces de mantener entre todos la necesaria fe pública en la bondad de ese esfuerzo…Demasiado quizá, para el ánimo apacible con que se lee la prensa en agosto. O para el pie cambiado, en fin, con que empezamos septiembre.

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