lunes, octubre 13, 2008

CARCOMA


Este amigo mío dice que tiene tortícolis de mirar las nubes.

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La llegada del camión de la leña resulta siempre alentadora: significa que este invierno no pasaremos frío, y que esa leña alimentará muchas veladas tranquilas frente al fuego. Pero, como todo lo que es previsión o anticipo, incluye un elemento turbador: ese montón de troncos junto a la puerta da una idea muy exacta del carácter informe del tiempo por venir. A estas alturas, no queremos ni pensar que no llegásemos a quemarlos todos. Pero también resulta inquietante la idea de que, a la vuelta de seis meses, esta montaña de troncos macizos será, como el tiempo que hemos tardado en consumirla, puro humo.

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Si esto, después de todo, ha de ser un diario íntimo, no tengo más remedio que consignar aquí el dato: este fin de semana, por primera vez en mi vida, he usado un taladro eléctrico, aparato que hasta ahora me había infundido un respeto rayano en el pavor. Y he de decir que no ha sucedido nada y que la tarea doméstica que me proponía resolver, la instalación de unos radiadores, ha sido satisfactoriamente ejecutada. Tanto, que hasta me he animado, como remate, a colgar un cuadrito que llevaba meses apoyado en una cornisa. Y estoy deseando que surjan nuevas oportunidades de hacer agujeros en la pared: me he convertido en carcoma.

Pero también hay que constatar la pérdida: ese miedo vencido, o esa coquetería definitivamente arrumbada, que antes era pretexto para llamar a parientes y amigos, ha desaparecido de mi imaginario sentimental. Conforme vamos superando nuestras dependencias nos vamos quedando más solos.

1 comentario:

Mery dijo...

A solas con nuestras posibilidades.
Si, bien pensado.