martes, octubre 28, 2008

DESEO

Extraña tropa de turistas la que veo entrar al filo del mediodía en esta plaza habitualmente concurrida, pero también demasiado expuesta a los elementos, que hoy andan desatados. A ellos, a los turistas, no parece importarles, y avanzan contra el viento frío que les despeina los flequillos canos y los peinados. Jubilados, seguramente, mujeres en su mayoría. Avanzan en fila de tres, y al frente de la columna va una mujer más joven con un paraguas negro apoyado en el hombro. Lo lleva cerrado, pero con los pliegues sin recoger, por lo que éstos ondean tras ella como los de un estandarte fúnebre. Van todos muy callados y marchan a paso rápido, como si llegaran tarde a algún sitio. Sólo la que los guía va sonriendo, pero con una sonrisa que tiene más de mueca que de gesto amable. Es más bien una expresión de rapacidad satisfecha, como la de un cazador sin escrúpulos que, a pesar de todo, lleva la alforja llena. Ella también ha tenido buena caza hoy. Lleva a todas sus presas bien sumisas tras el estandarte negro. Y algo me dice que, cuando las deje en su destino, volverá a por otra remesa, y luego a por otra. Que ése es su negocio. Y que nunca le faltará clientela.

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Los periodos de crisis económica son la gran ocasión de los avaros. Qué buen momento para excusarse, por ejemplo, de acudir a una cena con amigos en un restaurante caro. Lo que, naturalmente, no sólo va en detrimento de los negocios, sino también de la amistad.

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Las relaciones con personas del sexo opuesto deberían incluir siempre una cierta dosis de deseo; implícito, claro, y mantenido en los justos límites de la cordialidad; pero suficiente para transmitir al otro que su proximidad resulta grata en más de un sentido, más allá de los motivos prácticos (trabajo, negocios, etc.) que puedan forzarla. Pero cómo hacer entender esto a los reprimidos y a los incontinentes.

1 comentario:

Mabalot dijo...

jAJAJA... Y a los maridos...