lunes, octubre 27, 2008

LÍNEA

Voy leyendo en el autobús uno de los originales de cierto concurso de cuentos del que voy a ser jurado. A mi lado viaja una monja de mediana edad. Paso la página mecanografiada y, al comienzo de la siguiente, leo una descripción algo escabrosa, en la que se mencionan con crudeza varios términos anatómicos y el uso que los personajes hacen de ellos. Debo confesar que estos pasajes, en determinados tipos de lectura ligera, suelen depararme una cierta animación, que es siempre bienvenida. Pero esta vez tengo una reacción extraña: en un inesperado acceso de pudor, levanto el folleto y lo giro para impedir que mi acompañante pueda atisbar las palabras comprometedoras. Y me siento culpable no sé de qué.

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Después del cambio horario de ayer, la mañana de la primera jornada laboral se presenta con inmejorables perspectivas. Estamos más descansados y el mundo, con un poco más de luz, parece menos hostil. Se nos nota más contentos. Como si no supiéramos que el acortamiento progresivo del día terminará devorando esta hora ganada al curso del sol, y que en pocos días volveremos a hacer de nuevo este trayecto en plena oscuridad nocturna. Y que, cuando la primavera vuelva a alargar los días, y empecemos a ver un poco de luz en este tramo de la mañana, un nuevo cambio horario, de sentido contrario, nos devolverá por unas semanas más a las oscuridades del invierno. Pero nada de eso cuenta hoy, ni tiene fuerza suficiente para contrarrestar los dones de la hora ganada.

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El simbolismo de esta línea de autobuses: tiene la primera parada en la universidad, y la última en el hospital. Yo me bajo en medio.

1 comentario:

E. G-Máiquez dijo...

Espero que la inocente monjita no sea la culpable de que el cuento ese no se lleve el premio, si lo merece. Muy bien visto lo de esta mañana benéfica. Y el inquietante simbolismo de la línea: yo también -por ahora- me bajo nel mezzo.