miércoles, octubre 15, 2008

MAL AÑO

Supongo que el afán de gustar a todo el mundo obedece a uno de esos resabios biológicos que garantizan la conservación de la especie: los cachorros desprotegidos (todos lo somos en algún periodo de nuestras vidas) presentan un aspecto inofensivo y más o menos entrañable, diseñado para desarmar a quien viene con intenciones agresivas. Pero ay de uno cuando pierde esa apariencia, antes de haber desarrollado colmillos y garras lo suficientemente fuertes. O antes de ser consciente de cómo usarlos. A algunos no les llega jamás ese momento de autoconocimiento. Y algunos, en fin, lo aplazan indefinidamente. Pero qué extraño se vuelve el paisaje cuando empezamos a intuir los muchos peligros que encierra. Qué rara la sensación de no gustar a todos. Y qué difícil renunciar a la coquetería de suponer que ese desamor, que la mayoría de las veces no es más que indiferencia, tiene todos los caracteres del odio.

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Digo mi edad y una adolescente esplendorosa se declara asombrada. Y no creo que sea porque yo no represente esos años (lo que, después de todo, resultaría muy halagador), sino por esa extrañeza que provoca siempre lo que no podemos todavía concebir en carne propia. Indudablemente, ella no se imagina con mis años. Y cuando los tenga, seguramente le costará identificarse con el recuerdo de la criatura que fue. A mí también me resulta extraño hablar con alguien nacido en la década de los noventa, quiero decir, en un ayer que me resulta tan inmediato que casi no da lugar al crecimiento y desarrollo de una persona. Pero así es: en mis ayeres de hoy caben vidas enteras.

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El renacer de Stefan Zweig, del que acabo de leer el magnífico Tres poetas de sus vidas. O cómo el modo más seguro de renovar un catálogo editorial es acudir a ese cajón de vetustos ejemplares de Rotativa y Reno que hay en todas las librerías de viejo, a sesenta céntimos cada uno, y elegir media docena de títulos. Con eso se salva un mal año.

5 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

Cuando uno se dedica a la enseñanza, sus alumnos han nacido cada vez un año antes y tú eres cada vez un año más viejo... Mis primeros alumnos pertenecían a lo que Petersen llamaría mi "generación": yo con veintitrés; ellos, con dieciocho. Ahora, a pique de los cuarenta y dos, con alumnos de dieciséis, la diferencia es más que notable. Ello nos obliga a un esfuerzo constante por no quedarnos atrás, porque un profesor que no conecta con sus alumnos poco consigue de ellos.
Y hablando de profesores, aún recuerdo el que me recomendó El filo de la navaja de Somerset Maugham, en la colección Reno que mis tíos fueron completando en los años de la posguerra...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ése sí que fue un buen profesor, Juan Antonio.

Fernando Valls dijo...

Hace diez o quince años se saldaron todos esos libros, de Plaza & Janés, por muy pocas pesetas. Algunos de ellos, como el que citas, los está reeditando ahora Vallcorba con mucho éxito. Me imagino que en eso estriba ser editor, en conectar con los gustos de los lectores en un momendo dado.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Vallcorba, si no me equivoco, es el de El Acantilado. El libro que cito lo edita Backlist, de Planeta, que ya ha reeditado, entre otras cosas, la biografía de Baudelaire por González-Ruano. No está mal que Planeta tenga un sello para estas cosas. Aunque el hecho, en fin, de que los libros sean más bien feos y estén plagados de erratas indica que no se esmeran mucho.

Fernando Valls dijo...

Me refería a otros libros también de Zweig que ha editado recientemente Acantilado.