jueves, octubre 23, 2008

NAUFRAGIOS

"F. A. ha hecho tanto daño a la cocina como Camarón al flamenco", exclama M. A., indignada, después de asistir al desparpajo con que cierto cocinero televisivo (que no es F. A., todo hay que decirlo) echa mano de los espesantes químicos para arreglar sus salsas. Y al ver mi sonrisa malévola, rectifica: "Bueno, no digo que no sean genios. Lo malo son los discípulos".

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Después de las últimas inundaciones en Cádiz, un usuario de la biblioteca escolar de la que me ocupo viene a devolver un ejemplar de La isla del tesoro completamente deformado, hinchado y arrugado por la humedad. "Es que tuvimos una gotera en casa y se me mojó la mesa de trabajo", me dice. Sus padres, que lo acompañan, corroboran el accidente. Y yo acepto la excusa, no sin pensar que, tratándose de ese libro, no ha tenido mal final. Mejor que acabar en un baratillo, como tantos, o pintarrajeado, o con las hojas rasgadas. Aunque lo suyo, ahora que lo pienso, hubiera sido perderse en un naufragio. O, ya puestos, en un abordaje.

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Esas mujeres que, a las siete y media de la mañana, irrumpen en el autobús perfectamente vestidas y maquilladas y con un aspecto radiante, como si vinieran de la masajista o la esthéticienne. Dejando atrás una fragancia limpia, floral, que parece emanar directamente de sus escotes abiertos, y luciendo la sonrisa de quien ha gozado de los mejores sueños posibles. No pueden ser simples trabajadoras, no tienen el aspecto deprimido y menesteroso de los demás galeotes, hombres y mujeres, que viajamos en este triste autobús. Deben de ser azafatas o actrices que manda el ayuntamiento para subirle la moral a la población.

1 comentario:

Mery dijo...

La idea del abordaje me parece muy digna y muy aceptable. Tiene tanto de romántico...