miércoles, noviembre 05, 2008

ANZUELOS

No lo digo por cinismo: es bueno que todo cambie para que lo esencial siga igual; es decir, para que se mantenga la pura ilusión del cambio. Hoy Obama, mañana... quién sabe. El ritual es estimulante por sí mismo. Es la gran virtud de la democracia: haber creado un mecanismo por el que la comunidad representa inocuamente los ritos consecutivos de la entronización del poderoso de turno y su posterior defenestración. Pero las emociones que se suscitan son hondas y verdaderas. Que un negro haya llegado a presidente en un país en el que hace cuarenta años a los de su raza no se les permitía usar el mismo urinario que a los blancos no deja de tener una gran carga simbólica. Se dirá que este simbolismo se explicita demasiado tarde, y acaso cuando ya no era del todo necesario. Pero el hombre necesita, para convencerse de sus logros, elevar a símbolo solemne lo que acaso no se puede constatar por la mera evidencia de los hechos.

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(Cuando me tomo en serio la política, sea la que sea, no dejo de tener la sensación de haber mordido un anzuelo.)

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¿De dónde ha copiado este cielo de hoy la luz de ese cielo recordado de hace treinta y tantos años? (O qué súbita identidad acaba de establecerse entre quien era yo entonces y quien soy hoy.)

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Las tres de ayer y las dos últimas de hoy son magníficas. Pero la primera de hoy ya se sale, mi lampedusiano amigo. Muchas gracias por todas.

Mery dijo...

Ya se sabe que los cambios de las sociedades son lentos, leeentos.
De acuerdo con tu percepción del anzuelo.
Un abrazo