lunes, noviembre 03, 2008

MUJERES VIKINGAS

A este hombre el materialismo dialéctico que aprendió en su juventud, y del que ha hecho una seña de identidad, lo mismo le sirve para pregonar la revolución que para diseccionar la última jornada de la Liga de fútbol. Y es que hay doctrinas que lo mismo sirven para un roto que para un descosido.

Y qué desamparados e indefensos nos sentimos a veces los que no disponemos de doctrinas de esa clase.

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No encontraba el teléfono móvil, así que le dije a M.A. que me llamara, para localizarlo por el pitido. Y ahí estaba, debajo de la mesa del televisor, justo donde la noche antes oímos a K. trastear con un objeto pesado, que pensamos que sería alguno de sus juguetes. No quiero imaginar con qué idea lo empujó hasta allí. Y no sé si tomarlo como una indirecta.

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Cuando uno no tiene ganas de ejercer la menor actividad mental, una película de Corman. Por ejemplo,
Las mujeres vikingas y la serpiente de mar (The Saga of the Viking Women and Their Voyage to the Waters of the Great Sea Serpent, 1957). Un disparate considerable, cuyo único atractivo (y ni eso) es la continua exhibición de mujeres musculosas empeñadas en luchar contra los elementos, los monstruos marinos y los hombres rijosos. Sin embargo, de ella trascienden algunos encantos inesperados. El olor y la sonoridad de un cine de barrio de hace medio siglo. Las fantasías masculinas de entonces. Y esa conmovedora menesterosidad que parece el único antídoto posible para todos esos excesos de perfección que, a la postre, también matan el arte.

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