viernes, noviembre 21, 2008

LA CÚPULA

Se siente uno siempre un poco perdido en estas polémicas que mezclan arte y política. La última ha sido la provocada por la cúpula que el artista Miquel Barceló ha ¿pintado? para el palacio de las Naciones Unidas en Ginebra, sufragada en parte por el gobierno español con fondos, dicen, que tenían que haberse dedicado a ayuda al desarrollo… No sé. Quizá lo primero que habría que hacer es mirar bien esa cúpula. ¿Es bonita? ¿Es fea? Yo me inclinaría por lo segundo, pero sé ya por experiencia que una opinión de esta clase, emitida a distancia y sin conocimiento directo de los hechos, no va a ninguna parte. En cuanto me tropiece con alguien que haya visto in situ la dichosa cúpula, me replicará con el más irrebatible de los argumentos: “¿Y tú qué sabes? ¿La has visto acaso? Yo sí…”. Con este mismo argumento me dejaron sin palabras, en su día, cuando uno se atrevió a dar su modesto parecer sobre el Museo Guggenheim de Bilbao o sobre la Ciudad de las Ciencias de Valencia. “Visto de cerca es impresionante”, decían del primero. Y yo no lo dudaba, porque, ¿acaso no impresiona todo lo que es grande y raro, aunque tenga la forma de un flan deshecho?

Pero luego habría que hacerse otras consideraciones. Si se hubiera sometido a la opinión pública el designio de Miguel Ángel, seguramente la bóveda de la Capilla Sixtina no luciría las pinturas que luce hoy. Y lo mismo habría ocurrido si se hubiese discutido la conveniencia de destinar determinados fondos a una obra de esa clase. Seguro que con lo que se gastó en pintar aquella grandiosa bóveda se habrían podido sufragar muchísimas obras de caridad, más acordes con la misión evangélica de la Iglesia… Pero acaso habríamos perdido también un referente que hoy nos parece insustituible: la más grandiosa afirmación de la dignidad humana que cabe imaginar.

No abrigo muchas esperanzas de que la obra de Barceló llegue a adquirir, con el tiempo, una significación parecida. Ni siquiera creo que vaya a durar tanto: más bien temo que todas esas estalactitas sintéticas acaben descomponiéndose y cayendo sobre las cabezas de los respetables diplomáticos que se sienten en esa sala. En el caso de la bóveda vaticana, siempre cabe esperar que quien se sitúa bajo su influencia acabará sintiendo el poderoso mensaje que emana de sus figuras. ¿Qué sentirán quienes se sienten bajo esa maraña de excrecencias que le ha crecido a la cúpula ginebrina? Mucho se teme uno que lo mismo que suele sentirse ante otras muchas obras artísticas contemporáneas: frío, desprotección, cinismo, un cierto impulso suicida hacia la indiferencia y la crueldad. Los instintos, quizá, del hombre de las cavernas, puesto que de una caverna de trata. Justo aquello, en fin, que no necesitan los encargados de gestionar los negocios de este mundo. Y de lo que mucho de ellos andan sobrados.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

En comparación con la capilla sixtina, creo que éste será más fácil de restaurar, llegado el caso (no creo que nadie note la diferencia de tamaño o color de las estalactitas). Yo también había pensado en esa comparación, pero me asaltaban un par de dudas: primero, creo que es -hoy por hoy- excesivo establecer una analogía en cuanto al valor artístico de ambas (en el futuro, difícil es saberlo, sobre todo -como bien dices- sin haber visto en directo la obra de Barceló); por otra parte, la sensibilidad de la Iglesia (y del mundo en general) con respecto a la pobreza en el Renacimiento es incomparable a la que existe hoy en día. Es muy probable que, de haberse regido la Iglesia antigua por los principios actuales, nos habríamos quedado sin muchísimas obras de arte (es decir: hoy por hoy, la Iglesia no se gastaría ese dineral en una obra de arte).

Mery dijo...

Cada vez voy teniendo mas claro que hay ciertas expresiones del Arte Contemporáneo que no entiendo, que me dejan fría completamente, y ya lo dijo Ortega, lo que no conmueve al hombre, no es Arte. Claro que esta valentía de soltar mi opinión a los cuatro vientos bien me cuesta unas cuantas reprimendas.

Por otra parte me sumo a las palabras de Juan Antonio: la restauración de la cúpula será facilísma en un futuro.
En fin, estupenda entrada.
Un abrazo

elquetedije dijo...

A mí la cúpula, en cambio, me parece hermosa (sin haberla visto tampoco), lo que no deja de ser chocante, ya que no es santo de mi devoción Barceló precisamente.
Otra cosa es el dineral que ha costado, y es que el mundo del arte se mueve hoy, más que nunca, en los circuitos comerciales de la moda. Los que hoy son admirados y bien remunerados, pongo Barceló por ejemplo, quizá mañana, como tantos otros, sean olvidados e ignorados, ¿quién, al margen de los estudiosos conoce a Guido Reni o Tiépolo? pues en su momento eran de los artistas mejor pagados. Hoy ocupan unas breves líneas en los libros de texto (algunos ni eso).
Por otra parte, los que hoy pagan esta suma en apoyo de unos principios, sin duda muy loables, son los que critican la acumulación de tesoros en manos de la iglesia. Tampoco creo que sea muy ejemplarizante que las instituciones que apoyan causas humanitarias vivan rodeadas de tantos lujos. La cúpula es sólo uno más, los otros ocurren todos los días y ni los vemos ni los notamos (hoteles de lujo, coches con chófer de la gama más alta, regalos, etc. etc. etc.). Hay quien ve la paja en el ojo ajeno y no es capaz de ver la viga en el propio.