jueves, noviembre 20, 2008

LA GATA

Me llegan noticias de estas dos personas a las que traté por separado y por motivos distintos hace algún tiempo. Compartían despacho, por esos azares que llevan a la administración a ubicar en puestos de no demasiada responsabilidad a quienes, después de haber servido al partido gobernante en diversos cargos electivos, han dejado de ser útiles en sus respectivas circunscripciones. Yo los veía con regularidad, por separado, ya digo, aunque cada uno de ellos tenía noticia de mis tratos con el otro. A pesar de ello, jamás se refirieron al otro en mi presencia; y si alguna vez yo traté de llevar la conversación por esos derroteros, la eludían cortésmente. Se veía que se odiaban; o, al menos, que se estorbaban, y que querían evitar a toda costa cualquier sospecha de confluencia entre sus respectivos negociados. Qué pena que la administración no tenga despachos para todos. Por suerte para ellos, los dos fueron pronto promocionados a otras esferas. Irónicamente, del mismo rango, con lo que siguen llevando vidas paralelas, a su pesar. No dudo de que ambos llegarán lejos, siempre aplazando el duelo definitivo que despeje la cuestión de a quién corresponde la primacía.

Yo me alegro ya de no estar en medio. La batalla promete ser encarnizada.

***

De un tiempo a esta parte casi no me acuerdo de aquella tendinitis de hombro que se me declaró cuando traducía Un mes en el campo y terminaba mi tercera novela, todavía inédita. Escribir poco o nada es bueno para la salud. Pero también hay excesos de salud muy preocupantes.

***

He comprado La gata, de Colette. Lástima que K. no sepa entender el pequeño homenaje que le hago con esta lectura.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En pocos dias leo dos veces sobre Colette -De Villena, aqui-: no voy a tener mas remedio que leerla, a ver por que. No estoy de insomnio, por la hora; son los Lakers. Mario