jueves, noviembre 27, 2008

NEGOCIOS

Todavía bajo los efectos del viajecito Cádiz-Santander-Cádiz efectuado entre anteayer y ayer en menos de veinticuatro horas. "Hemos hecho un viaje de ejecutivos", dice J., mi acompañante, refiriéndose a la premura con que se ha cumplido el programa previsto. Tal vez por ello, cuando uno de esos inevitables encuestadores que aprovechan los tiempos muertos de los aeropuertos para sonsacar a la gente nos preguntó por el motivo de nuestro viaje, no dudamos en contestar: "Negocios", no sin que inmediatamente nos asaltara una reconocible sensación de impostura. Vaya negocios los nuestros. De hecho, el propio encuestador no supo qué decir cuando, a la pregunta sobre nuestra profesión, dije yo: "Escritores". "Yo digo siempre "periodista", me comenta luego J., más fogueado que yo en estos menesteres. Le contesto que, por decir eso mismo, a mi mujer la llevaron a una dependencia aparte en el puerto de Tánger y la sometieron a un largo interrogatorio. Así que escritores, sin más. Ni más ni menos. O más menos que más, quizá.


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No sé si este amigo V. pensaba que el rumor del tráfico ahogaría el ruido de la doble ventosidad con que remató su anuncio de que ha escrito un libro sobre espiritualidades y misticismos. O si esa innegable afirmación de las realidades corporales era parte de su razonamiento.


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Como no había otra cosa que comer en la cafetería de aquel hotel de cuatro estrellas, a media mañana encargamos unos bocadillos. Y, de pronto, aquella reunión de escritores y editores adquirió un irrebatible aspecto de cuadrilla de albañiles a la hora del desayuno. Lo que, después de todo, no era mala identificación... Bueno, albañiles, lo que se dice albañiles, los escritores, que son los que juntan los ladrillos de viento de los que están hechos los libros. En cuanto a los editores... ¿capataces? ¿agentes inmobiliarios?

4 comentarios:

Francisco Casoledo dijo...

Los editores, empresarios de la construcción, ni más ni menos. Siempre cercanos a la autoridad competente. Siempre expertos en generar necesidades, y en licitaciones públicas amañadas. Consiguen la recalificación de amplias zonas literaturizables y las llenan con hileras de volúmenes impresos, todos iguales. Después de un tiempo esos libros empiezan a presentar grietas, y finalmente se te caen de las manos.

Alejandro Pérez Ordóñez dijo...

Tampoco los arqueólogos estamos del todo seguros muchas veces de qué conviene responder cuando se nos interroga acerca de nuestra profesión. Y aunque así se diga abiertamente, casi nunca nuestros interlocutores saben en qué consiste nuestro trabajo exactamente (y su imaginación vuela hacia esas exóticas escenas de pincelitos desenterrando huesos de dinosaurios, o cualquier otro arquetipo al uso). Muchos se sorprenderían al saber que nuestro trabajo SÍ que tiene mucho que ver con la construcción y con los ladrillos (para nuestra desgracia, generalmente, y es que éstos no son de viento...).

Mery dijo...

Que a tu mujer le interrogaran de arriba abajo en Tánger me pone los pelos de punta; no es el primer caso que oigo.
Por lo demás, esta fina ironía que te caracteriza hace que leerte sea un elixir para los sentidos.
Un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me gusta esa imagen de las "hileras de volúmenes impresos", remedando las de bloques construidos. Nunca se me había ocurrido ver el negocio editorial bajo ese enfoque. Aunque, todo hay que decirlo, los editores con los que compartimos esos bocadillos no son de los que levantan barriadas de esa clase; sino, en todo caso, casitas íntimas, muy confortables y, quizá, algo caras.