lunes, noviembre 10, 2008

NO ES VIDA

Ocurre que, después de haber trabajado sin parar durante una mañana entera, llega uno ante este cuaderno y constata que no tiene absolutamente nada que contar; mientras que, después de un periodo similar de ocio, suele ocurrir justamente lo contrario: basta haber tenido los ojos bien abiertos para que ese tiempo fructifique en infinidad de observaciones que a uno le apetece traer a colación aquí, siquiera sea como testimonio de ese tiempo vivido. De lo que cabe decir que lo otro, estrictamente hablando, no es vida.

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Me cuentan que la apertura de un nuevo centro del Instituto Cervantes en algún país exótico depende de una comisión de la que forman parte representantes de tres ministerios: Cultura, Asuntos Exteriores y... Defensa. Y no porque la difusión del castellano en el mundo se considere una baza ideológica favorable, como puede ser el caso del inglés para los Estados Unidos; sino porque la creación de tales centros, me aseguran, suele ser una de las contrapartidas previstas en los tratados comerciales que España firma con esos países, en los que el capítulo más cuantioso suele ser el dedicado a la compra de armamento... No es que me escandalice: ya sé que las relaciones internacionales no se reducen exclusivamente al intercambio de grupos folklóricos. Pero me hace cierta gracia pensar que los discursitos biempensantes con que algunos colegas despachan sus giras internacionales se sustentan en una infraestructura cultural de tan dudoso fundamento. Alguna cuota de responsabilidad les tocará, supongo, si una de esas pistolas que exporta España es mal empleada. Digo yo.

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Este sindicalista reclama que el Gobierno, además de tener como interlocutores a los distintos poderes fácticos, se entreviste con los representantes de la sociedad. ¿Pero no habíamos quedado que, en democracia, esos representantes no son otros que los políticos?

3 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

La última pregunta es otra forma de confundir la realidad con el deseo...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Entiendo lo que dices, Juan Antonio. Pero, ante esa falta de representatividad (yo diría, más bien, de entidad) de los políticos, ¿ésta pasa automáticamente a los llamados "líderes sociales"? ¿Vale más lo que diga el presidente de un comité de empresa, pongo por caso, que la smás de las veces no se representa más que a sí mismo, que un cargo electo respaldado por decenas de miles de votos? Por no hablar de las innumerables asociaciones que, sin haber pasado jamás por un proceso electoral, se erigen como voces autorizadas en todos los campos, ya sea la ecología, la educación o el urbanismo.

O tal vez sea, simplemente, que uno está ya harto de que le den la tabarra no sólo los políticos más o menos consagrados, sino también los aficionados.

Juan Antonio, el.profe dijo...

Totalmente de acuerdo, José Manuel; te falta en tu análisis algo acerca de los sindicatos: en el caso de la enseñanza, rarísima vez vemos a los representantes sindicales en los centros, codo a codo con el profesorado, viviendo sus problemas. Desde un puesto liberado se ven las cosas de muy distinta manera, y la representatividad también desaparece. Me imagino que en otras profesiones también es así. Después la adminstración pacta con los sindicatos y se ufana de haber contado con el respaldo del profesorado. Vale que también hay aquí hay elecciones sindicales, pero eso no evita la desconexión evidente. La verdad, resulta bastante frustrante...