viernes, noviembre 28, 2008

PIJOAPARTE

Quizá el motivo por el que a Juan Marsé han tardado tanto en darle el Cervantes ha sido eso que ahora llaman incorrección política y antes se llamaba desviacionismo o, simplemente, inoportunidad; y que, dicho como Dios manda, no es otra cosa que independencia y libertad de criterio. ¿A quién se le podía ocurrir presentar ante la intelectualidad cejijunta de 1965 una novela tan corrosiva como Últimas tardes con Teresa, en la que se ponía en solfa el progresismo superficial de cierto sector de la burguesía y el mito obrerista en el que se sustentaba? Cuando la leí, yo ya había visto la película Grease, y no pude evitar ponerle al Pijoaparte, el protagonista de la novela, los rasgos de Travolta. Y creo que no iba descaminado: como el macarrilla sin sustancia de la película de Randal Kleiser, el Pijoaparte había salido del extrarradio, no para encabezar la revolución con que soñaban los señoritos insatisfechos, sino con el exclusivo fin de follarse a la rubia perfumada y rica, que es con lo que se sueña en los barrios marginales, antes que con la pobreza mejor repartida y organizada, que es en lo que vienen a parar las fantasías megalómanas de los intelectuales de salón.

En su trayectoria de escritor, Marsé ha bregado con no pocas fantasías megalómanas: ayer, la cerrazón ideológica de los intelectuales de entonces, que, de no haber sido felizmente ignorada, hubiera acabado con la posibilidad misma de hacer novelas; hoy, el fundamentalismo lingüístico, para el que resulta incomprensible que un catalán sea uno de los mejores novelistas vivos en castellano. Sólo a los viejos se les perdona retrospectivamente esos pecados. Marsé ya lo es, y por eso le dan hoy el mismo premio que le tendrían que haber dado diez o quince años atrás. Nunca es tarde, etc.

2 comentarios:

Juan Antonio, el.profe dijo...

En efecto, más vale tarde que nunca, lo cual no quita para que digamos que se ha hecho justicia con demasiado retraso (y, ya sabemos, una justicia lenta es justicia, pero menos).

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

Muy buena entrada, José Mnauel. Saludos.