lunes, noviembre 17, 2008

EL LEGADO

Este hombre de aspecto patibulario con el que me cruzo por una calleja a eso de las siete y media de la mañana. En la cuenca de la mano izquierda va desmenuzando lo que parecen ser unas briznas de tabaco y, seguramente, un poco de hachís. Su desayuno, entiendo, dado lo intempestivo de la hora. Se me queda mirando con una expresión que quiere ser intimidatoria, pero él y yo sabemos que a estas horas las estadísticas dicen que no se cometen más crímenes que el perpetrado por quienes disponen los horarios laborales. El caso es que me hago el valiente y le sostengo la mirada. Nos cruzamos perdonándonos la vida. Y, apenas lo he perdido de vista (quiero decir, apenas dejo de escuchar sus pasos, pues no me he vuelto a ver cómo se aleja), pienso que la jornada que tiene por delante este individuo me es tan desconocida como el día de caza de un hotentote en la selva africana; tan absurda e incomprensible, como mínimo, como la mía ha de resultar para él. "Ahí va un buen personaje para una novela", me digo, quizá en la misma actitud de desistimiento con la que él habrá dicho: "Ahí va un primo al que robarle la cartera a punta de navaja". Y rectifico, pensando en el trabajo que dan las novelas: "Bueno, para un cuento". O para un poema, en fin, si nos quedamos con este monto de extrañeza que el simple cruce con el desconocido ha dejado en mí.

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Si ser de izquierdas hoy significa asumir todo ese legado crítico que, desde Voltaire a Sartre, pasando por Freud, puso en cuestión los cimientos del orden establecido, habrá que admitir que buena parte de esa crítica radical tendría que ir dirigida contra... lo mucho que el orden actual debe a la vigencia de determinadas ideas, instituciones, políticas y modos de pensar propios de la izquierda. (Lo cedo al enrevesado congreso que andan celebrando los de IU, por si les sirve de algo.)

2 comentarios:

Profesor Franz dijo...

Qué ha sido de Carrie? Y de la conversación sobre sangre en el inodoro? Autocensura o llamada de atención de instancias superiores? En serio, tengo curiosidad: existieron de verdad (virtual) o han sido una alucinación (real) mía?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La verdad, querido profesor, es que las quité pensando en usted y en su severa llamada de atención ante la fealdad de la imagen del otro día. Pero le aseguro que la imagen del inodoro lleno de sangre que evocaba aquella chica en el fragmento suprimido no la olvidaré fácilmente. Tal vez dé para un relato.