martes, diciembre 30, 2008

BOHEMIOS

Ese atardecer de ayer, tan enfático y grandilocuente (esas nieblas como del Pleistoceno, esos verdes saturados, esos relieves demasiado palpables, como si un pintor mañoso hubiese exagerado el efecto de escorzo), que recordaba un poco los paisajes de las películas de Peter Jackson: algo intermedio, en fin, entre los bosques de El señor de los anillos y las selvas de King Kong; pero sin efectos de ordenador. Lo que lo hace, en cierto modo, más irreal. Y es que también la naturaleza exagera, y cómo.

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El cuerpo, este viejo amigo que tantas alegrías me ha dado; pero que también adolece de dolores de muelas, de jaquecas, de malos despertares. Con una diferencia entre unas y otros: las primeras son perfectamente discontinuas: empiezan y acaban; mientras que si algo caracteriza al malestar es su manera de diluirse poco a poco sin desaparecer nunca del todo, como si no quisiera que olvidásemos nunca, aún en nuestros mejores momentos, que sigue ahí y puede aflorar de nuevo cuando quiera.

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El intervalo en el que cierran las tiendas al mediodía nos sorprende en la terraza de una desolada cafetería céntrica, la única abierta a esta hora desabrida. Un viento tétrico enfría los cafés antes incluso de que nos haya dado tiempo a disolver en ellos el azúcar. Al menos media docena de borrachos, la mayoría muy ancianos, pasan junto a nosotros, y alguno hasta se nos queda mirando y nos felicita el Año Nuevo. Y pienso en esas extrañas coincidencias que llevan a la realidad a parecerse a lo último que estamos leyendo; en mi caso, una biografía del malhadado bohemio Alejandro Sawa.

5 comentarios:

Petroglifo dijo...
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Octavio dijo...

Venía a comentar que el dolor está siempre al acecho, como el espectro de Sawa, oero el comentario anterior me deja descolocado. Se hace ciertom aquello de que "hay gente pa to". Feliz año nuevo, en cualquier caso.

Antonio González dijo...

No sé a quién comapadecer más: si a Alejandro Sawa o a su biógrafo. Y mientras, tú te lo pasas en grande a costa de las desgracias ajenas; eso sí: sin hacer daño a nadie. Yo lo más parecido a una biografía de Alejandro Sawa que he leído es alguna página que al insigne desgraciado le dedica Cansinos Assens en La novela de un literato.
¡Feliz año nuevo!

Mery dijo...

Al igual que Octavio, me he quedado descolocada. Algo íba a comentar, como que tengo pendiente una biografía de Sawa, quizás la misma que lees ahora, pero vamos, que me he perdido a estas alturas.

En fin, un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Llevaba unos días sin visitar el blog, por las vacaciones, y también me he quedado sorprendido ente ciertas irrupciones. No suelo borrar nada de lo que aquí tienen la amabilidad de dejar los visitantes, pero creo conveniente hacerlo con lo que veo que es perfectamente ajeno a este cuaderno y, creo, a sus lectores. Por eso elimino ese primer comentario que ha "descolocado" a algunos asiduos.

Y créame, amigo Antonio: no me lo paso en grande a costa de las desgracias ajenas. mi comentario sobre los ancianos borrachos trataba de expresar, más bien, mi perplejidad ante el modo inesperado en el que a veces se muestran los aspectos sombríos de la realidad.

Muy feliz año a todos.