viernes, diciembre 19, 2008

MODOS DE HABLAR

Al oírla hablar, me parece reconocer el tono confianzudo con el que se interpelaban entre sí hace treinta años quienes eran jóvenes adultos cuando yo era apenas un adolescente. Nada más llegar, ha empezado a explicar su desconcierto al no encontrar la parada de autobús, que ha sido desplazada unos metros por causa de unas obras. Se dirige a otras dos mujeres con aspecto de amas de casa. Seguramente es más joven que yo, aunque su tez, los párpados hundidos, la delgadez enfermiza y el pelo ralo le dan un aspecto precozmente avejentado. Debe de ser una de esas drogadictas supervivientes de los años duros de la heroína; el autobús por el que pregunta se ha hecho tristemente famoso por ser el que toman habitualmente los de esa cofradía cuando van a abastecerse a un conocido punto de venta.

Pero lo que me llama la atención, ya digo, es que emplea el tono y las muletillas con el que los jóvenes progres de hace treinta años se dirigían unos a otros. Supongo que esa generación tomó esa forma de hablar de lo que ellos creían que era la clase obrera (que nunca habló así, por cierto); y luego, los jóvenes de la siguiente generación y las propias clases populares urbanas terminaron imitándoles. Vicisitudes del lenguaje: lo que empezó siendo una reacción de muchos jóvenes de la burguesía contra los hábitos de la propia clase ha acabado convirtiéndose en un código socialmente prestigioso que otros remedan e imitan, con el mismo afán con el que las modistillas de antaño remedaban el modo de hablar de las señoritas para las que cosían...

Mientras voy devanando estos pensamientos, la mujer sigue hablando. Por su manera de expresarse, da a entender que se siente habitante de un mundo igualitario en el que todos son sus colegas. No parece darse cuenta del tono condescendiente con el que le contestan las otras mujeres de la parada. Y piensa uno que es bien triste el destino de las ilusiones de quienes pusieron de moda, hace cinco lustros, este modo de hablar: de ellas sólo queda la paranoia desubicada de estos inesperados epígonos.

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