martes, diciembre 23, 2008

MULLIGAN

Leo las necrológicas de Robert Mulligan. Y, aunque no soy muy amigo del género, me animo a anotar aquí que hay al menos tres películas del difunto que me gustan bastante, por un motivo u otro. Por supuesto, Matar a un ruiseñor, que se le impone a uno incluso con ese aire un poco cargante de los clásicos indiscutibles (tanto, que no hay actuación de Gregory Peck -incluso cuando hace de malo, como en Duelo al sol- en el que no termine uno viendo algún rasgo de Atticus Finch, abnegado defensor de la justicia y padre ideal); pero también Verano del 42, que tiene algo de fantasía adolescente muy privada, en la que un mocoso seduce a una muy apetecible mujer casada; y El año que viene a la misma hora (o algo así: Same Time Next Year), que viene a presentar una versión íntima y burguesa de algunas de las fantasías libertarias de la época hippy: un apaño sexual muy bien resuelto, por el que un caballero y una dama perfectamente respetables y convencionales acuerdan citarse una vez al año en cierto hotel, como hacían los padres de Jack Lemon y Juliet Mills en Avanti!, y mantener una aventura que sobrevivirá a todos los cambio sociales y de mentalidad que atraviesa el país desde mediados de los sesenta.

Quizá el secreto del encanto de estas tres películas sea precisamente eso: su capacidad para escenificar un puñado de fantasías erótico-sentimentales que casi todo el mundo comparte: el deseo de tener un padre omnipotente y sabio, como Atticus; y quién sabe si el de tener una madre-amante tan complaciente como la protagonista de Verano del 42; para, una vez alcanzada la edad adulta, ser capaces de inventar, con la complicidad de otras almas afines, espacios de complicidad íntima tan bien diseñados como el que comparten los protagonistas de El año que viene...

Sospecho que todo este universo erótico-sentimental tan gratificante puede resultar algo anticuado y más bien cursi a ciertos paladares de hoy, que prefieren abordar estas cuestiones con un criterio entre higiénico y deportivo-sanitario. Pero uno nació y creció en los dieciséis años que median entre Matar a un ruiseñor (1962) y El año que viene... (1978), y es, en eso como en otras cosas, un aplicado hijo de su tiempo.

4 comentarios:

Luis Spencer dijo...

Juan Manuel, extraordinario director, también con una valoración algo insuficiente. Acertados tus comentarios, la beatería corrompe todo lo que toca, el nombre de la beatería moderna es banalidad. Yo añadiría otra película que me parece bastante buena;The Stalking Moon (La noche de los gigantes). Aprovecho la ocasión para desearte lo mejor en estas fiestas.

Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, La noche de los gigantes es también una gran película, y casi roza esa condición de clásico indiscutible que asignábamos a Matar a un ruiseñor, Gregory Peck incluido.

Felices fiestas, y un abrazo.

Anónimo dijo...

Yo quiero añadir otra. Las tres que tú has mencionado, más "El otro". La primera vez que la vi (no era ni siquiera adolescente) me impresionó tanto que me puse malo varios días y estuve sin ir a clase. Un genio, Robert Mulligan. Y la banda sonora de "Matar a un ruiseñor", de Elmer Berstein, indispensable.
Un abrazo:
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No la he visto, pero tomo nota. Un abrazo.