jueves, diciembre 11, 2008

MUSARAÑAS

No hay poeta que no haya escrito alguna vez un poema en el que no se reproche perder el tiempo en los menesteres y obsesiones propios del oficio, mientras la vida, la vida "verdadera" (entiéndase, la vida exterior, en compañía, plena en placeres y logros tangibles), bulle en otro lado... Aparte de la cursilería narcisista que encierra, este peculiar lugar común incurre en un evidente contrasentido: los muertos, que se sepa, no escriben poesía, así que difícilmente podrá decirse que ese menester, u otros parecidos, no sean propios de la vida plena. Porque, ¿acaso podrían serlo de la muerte? Y es que una proposición no puede ser cierta si la contraria también lo es. Es decir, la afirmación: "No vivo, porque dedico todo mi tiempo a escribir poesía", que es a lo que se reducen tantos poemas dedicados a este asunto, no puede ser verdadera si también lo es esta otra: "Si no estuviera vivo, no podría dedicar mi tiempo a escribir poesía".

(Aunque, ¿qué me dicen de lo contrario? ¿De esa sensación de vida perdida cuando los asuntos meramente prácticos no dan lugar a un mínimo de vida interior, aunque no sea más que un rato dedicado a pensar en las musarañas?)

2 comentarios:

Mery dijo...

Hablando de las musarañas, por cierto, encontraron el amor cierta pareja de famosos. Pero no entremos en cotilleos...

alvaro dijo...

Reflexión que se presta como pocas a hablar de los conceptos de actividad y pasividad de Spinoza, según el cual, sería mucho más vivir el escribir poesía que, por ejemplo, ir a ver una película de cine (o muchas otras actividades de la vida exterior).