viernes, diciembre 05, 2008

POLÉMICAS

Ha sido clarificadora la polémica que han mantenido la escritora Almudena Grandes y su colega Antonio Muñoz Molina a propósito de la olvidada sor Maravillas, devuelta a la actualidad merced al poco inspirado intento de algunos de dedicarle una placa en el Congreso de los Diputados. Bromeaba la escritora con la suerte que hubiera corrido la monja en manos de los milicianos que dominaban las calles del Madrid de la guerra. Le replicaba Muñoz Molina que tales especulaciones sobre los supuestos goces de una monja violada por una turba de “incontrolados” (tan sanguinarios, en fin, como sus equivalentes del otro bando) no dejaban de ser un grosero chiste machista. Contraatacó la interpelada recordándole a su oponente que el meollo de la cuestión estaba en unas palabras atribuidas a la citada monja: "Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta", que se han entendido como una exhortación a la sumisión femenina. Remataba el otro, brillantemente, que tales palabras no eran de la tal sor Maravillas, sino de San Juan de la Cruz, y se referían al alma...

Hasta aquí la polémica en el momento en que redacto estas líneas. Naturalmente, si los antagonistas se empeñan en prolongarla, no les faltarán argumentos, porque una de las características de la retórica argumentativa, desde los tiempos de los sofistas, es que lo mismo sirve para demostrar una cosa que la contraria. Podría replicarse a Muñoz Molina, pongo por caso, que también el santo poeta pecó de machista al referirse al alma en figura de una mujer sumisa... Y así hasta el infinito.

Y el caso es que quizá pudiéramos ahorrarnos tinta y saliva si nos atuviésemos al prudente principio de no juzgar el pasado con ideas de hoy. La única excepción, quizá, serían aquellos asuntos que ayer y hoy se regían y rigen por principios similares. Si hoy no nos cabe duda, por ejemplo, de que el levantamiento franquista contra la República fue contrario a derecho, no es sólo porque conculcó la legalidad republicana, sino porque también contradice los fundamentos de nuestra propia legalidad. En cambio –por referirnos a un asunto actual–, difícilmente llegaríamos a aceptar que las armadas occidentales aplicasen a los piratas somalíes de hoy los mismos castigos que se infligían a los piratas de antaño; pero eso no nos lleva a iniciar un proceso contra el capitán que hace trescientos años hizo ensartar la cabeza de Barbanegra en el bauprés de su propio barco.

No indignarse hoy ante ese bárbaro proceder (ni abominar, de paso, de las historias de piratas) no significa necesariamente ser partidario de la tortura o la pena de muerte. Igual que despachar a sor Maravillas simplemente con una pizca de ironía, como han hecho algunos, y no entregándola figuradamente a las turbas, no significa declararse partidario de la sumisión de la mujer. Digo yo.


Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

7 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Este artículo lo podíamos llamar: "buscando la equidistancia" o "buscando contentar a todos" (especialmente a Almudena Grandes ¿es amiga tuya? si no, no me lo explico).
Lamento decir que no me parece que la hayas conseguido: en este caso, entre Muñoz Molina y Grandes hay que estar con el primero, sin vuelta de hoja. Justificar el repugnante comentario de Grandes con tus sofisterías, eso sí que es machismo.
El 'prudente principio de no juzgar el pasado con ideas de hoy' es una tontada, y tu mismo te darás cuenta de que lo es, si te paras a pensar un momento.
"El buen Homero a veces se duerme": espero que sea también tu caso con este artículo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Quizá me haya expresado mal; pero no creo que el artículo se decante precisamente a favor de la postura de A. G., todo lo contrario: creo que M.M. gana la polémica por goleada, tal como resumo en el primer párrafo. Y lo que intento decir cuando adelanto la hipotética contrarréplica de su contrincante es que, si prescindimos de ciertas "prudentes" limitaciones, las polémicas no tienen fin.

Ángel Ruiz dijo...

Mañana volveré a leer el artículo y te diré qué me parece, que ahora no sé si me he dejado llevar de una primera impresión demasiado crítica.

Ángel Ruiz dijo...

Leo otra vez el artículo, espero que esta vez con más serenidad:
Sí, 'gana' M. M., pero el hecho de ponerlos a la par ya es una trampa (me parece). No se trata aquí de dos personas que discuten sobre la calvicie o las moscas, un tema banal en el que brillaría la 'retórica argumentativa', sino de una escritora que hace un chiste odioso; otro escritor [de su misma cuerda, no hace falta recordar en el artículo que también hubo cosas malas en el otro bando, eso es bien sabido y sólo se puede explicar por 'afán de equidistancia'], otro escritor, digo, le hace ver lo repugnante que es lo que ha dicho. Ella no se retracta y busca justificarse con una frase que luego se sabe que era en realidad de san Juan de la Cruz.
Postura más desairada que la de A. G. no recuerdo hace tiempo (quizá Suso de Toro), pero tú consigues levantarla al mismo nivel en el segundo párrafo: parece como si se afirmara que ha habido un intercambio de golpes en el que por ahora va ganando Muñoz Molina, pero que podría acabar de otro modo si continuasen los 'golpes'.
Y la explicación del tercer párrafo de lo permanente y lo variable es como mínimo débil: el positivismo jurídico parece que es lo único firme: "la legalidad".
Como he leído el artículo varias veces he acabado admirando el equilibrio que has conseguido para conseguir quedar en el centro (el último párrafo es prodigioso en ese sentido, se debería estudiar en las clases de retórica). Pero claro, no lo digo como elogio, porque yo, como tú, sé que la retórica busca convencer, no la verdad. Aquí lo que ha quedado demostrado es eso, que tú estás en el virtuoso centro: lo siento por el afán de buscar la verdad.
Y quizá debería haberme callado, pero es lo que pienso de tu artículo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Todo lo contrario, amigo Ángel: te agradezco tu esfuerzo por argumentar los reparos que te suscita mi artículo. Pocas veces encuentra uno a un lector tan atento. Y asumo las críticas que veo incontestables: por ejemplo, la del segundo párrafo, en el que quizá no se afirma claramente lo inconsecuente que sería continuar la polémica con nuevos argumentos "ad hoc", de cara a un público predispuesto a aplaudir un nuevo envite. No tenía espacio para tanto, y pensaba que el lector entendería lo que quería decir. Tu crítica me hace pensar que me he equivocado.

Lo que sí creo sinceramente, y no por afán de equidistancia (la "equidistancia", tal como se está aplicando en este país respecto a ciertos asuntos, es una verdadera enfermedad moral), es que hay cuestiones que no deberían ser objeto de controversia periodística interesada, sino de sereno debate entre historiadores. O de un no menos sereno silencio, por qué no, ya que no veo motivo alguno por el que todo el país tenga que dar su aprobación o entrar a condenar determinados actos particulares de recuerdo u homenaje, o soportar las polémicas subsiguientes. La historia de esta santa, o beata, es un buen ejemplo: seguramente, sus admiradores tienen todo el derecho a homenajearla como es debido; pero llevar ese homenaje al Congreso de los Diputados, donde forzosamente han de convivir sensibilidades muy opuestas, era ya de entrada un despropósito. Como lo ha sido hacer leña del árbol caído y convertir a la pobre señora en una especie de abanderada de la reacción... Para distanciarse de la propuesta bastaba, ya digo, un poco de ironía, y sobraba la acritud. Y aquí, de nuevo, la carga de la culpa recae en quien recae, y no precisamente en M.M., con quien básicamente estoy de acuerdo. (Quizá no en el tono, porque también creo importante que nadie se arrogue el derecho a dar lecciones de nada, y mucho menos de moral pública; y porque me parece apreciar que el registro que peor maneja este escritor, tan bien dotado por otra parte, y que con tanto placer he leído en muchas ocasiones, es la ironía: es significativo que el "golpe" final, que sí es de naturaleza irónica, se lo proporcione el azar, como él mismo reconoce.)

Gracias de nuevo por tu análisis, que seguro que tendré en cuenta cuando deba manejar otra cuestión de esta índole.

Ángel Ruiz dijo...

Y yo te agradezco tu respuesta. Y siento sobre todo mi primer comentario: en esto de los blogs habría que dejar pasar unos días antes de hacer un comentario negativo, porque luego uno se arrepiente, aunque sea sólo por el tono.
Y sé que es difícil expresarse bien en una columna. Y me apena ponerme a polemizar cuando he dejado pasar muchos artículos y entradas tuyas sin haber dicho nunca nada de lo que me gustaban.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La inmediatez es lo mejor que tiene esto. Por lo demás, me gusta que de vez en cuando alguien me obligue a repensar lo escrito.