lunes, diciembre 22, 2008

SAHUMERIO

Paso por correos antes de salir de vacaciones y me encuentro en el apartado el segundo y último libro de poemas de Raúl Pizarro, Caída hacia la luz, que añado a los que ya llevo en el equipaje: los Cuentos de Roberto Bolaño y una biografía de Alejandro Sawa, cuya lectura alternaré con el último tercio de la Paideia de Jaegger, que ando saboreando despacio, como con miedo de que se me acabe... Extrañas alianzas las que establecen los libros: el de Raúl, que es un poeta callado y susurrante, confidencial e íntimo, al lado del impúdico y ruidoso Bolaño y del desastrado bohemio que fue Sawa. Con Jaegger, en fin, y su lúcidas disquisiciones sobre Platón, creo que se entenderá mejor. Y como uno lo que desea es sumergirse cuanto antes en un clima propicio a la serena constatación de las cosas realmente importantes, dedico la primera velada de lectura a este diario poético, en el que este joven poeta se hace cámara de resonancia de todas esas modestas manifestaciones de la vida que tanto ayudan, cuando son bien observadas, a acotar la propia intimidad: el canto de unos pájaros, el paso de las estaciones, la luz que transfigura las cosas... La gata K., como si me adivinara el ánimo propicio, viene a acurrucarse sobre mis piernas cruzadas, y hasta olisquea el fino librillo, al que le sienta extraordinariamente bien la sencillez tipográfíca y la ascética pulcritud de diseño propios de la colección Adonais. Por lo que logro entender, a ella también le ha gustado mucho.

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Pero como no hay felicidad que no suscite la envidia de algún duende maligno, me llaman a la mañana siguiente para comunicarme un nuevo desaguisado: la cerradura del portón que cerré ayer al salir, creyendo que tras él dejaba bien encerrados a todos los demonios domésticos que tanto me han fastidiado en las últimas semanas. se ha quedado atascada. Interrumpo mis recién estrenadas vacaciones y vuelvo al hogar, al que no puedo acceder sin llamar a un cerrajero. Este consigue hacer girar la llave, forzándola con unos alicates. Accedo a la casa con temor, como esperando darme de bruces con el espíritu maligno que se empeña en no darme respiro. Y casi estoy por preguntarle al cerrajero, mientras firmo la abultada factura, si el servicio incluye también el correspondiente exorcismo; o, al menos, un sahumerio purificador.

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Lo de dentro y lo de fuera. Mezclarlos sólo en sus dosis justas. Pero que nunca se confundan.

2 comentarios:

Jose dijo...

Hola Jose Manuel,aunque en tiempos del colegio Villoslada eras "el Ariza".Me dió mucha alegría saber de ti viendote en los medios y leyendo alguna cosa tuya. Recuerdo nuestras vueltas a casa y que casi siempre teniamos un tema interesante de que hablar.Un abrazo del Periñán.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¿Seguro que era el colegio Villoslada, amigo Periñán? Lo de las vueltas a casa sí lo recuerdo. Un abrazo.