martes, diciembre 02, 2008

TODO QUEDA DICHO

Finalmente, aquel calor reactivo, similar a un escalofrío prolongado, era un síntoma de catarro. Y como lo último que desea uno ahora es ponerse malo, paso una extraña noche debatiéndome entre abandonarme a la enfermedad inminente o resistir hasta que los síntomas desaparezcan; como si eso dependiera de mí. Y en el duermevela me acuerdo, morbosamente, de la falsa cita del teólogo Joseph Glanvill con la que Edgar Allan Poe abría Ligeia: "El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por flaqueza de su débil voluntad". Póngase "faringitis" en lugar de "muerte" y todo queda dicho.

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Caigo en la cuenta, por cierto, de que no anoté en su día (hará unas tres semanas, creo) que La tumba de Ligeia de Roger Corman me pareció una gran película, y sin duda una de las mejores de su director. Fue la última de las adaptaciones de Poe que filmó Corman, y en ella se acerca francamente a los postulados de Rebecca, el clásico de Hitchcock; subrayando, de paso, lo que ésta tenía de cuento "gótico" y, más específicamente, de historia de voluntades que sobreviven a la propia muerte, al estilo del cuento de Poe. Más aireada que otras de la serie, La tumba de Ligeia es una película que no se ve con la condescendencia que suscitan sus precedentes: es la historia perfectamente convincente de una obsesión, la del enterramiento en vida, proyectada al objeto erótico de quien la sufre; en este caso, el dúo Ligeia / Rowena, primera y segunda esposas del atormentado aristócrata interpretado por Vincent Price. Como en Rebecca, la muerta Ligeia ejerce su malévolo influjo sobre la nueva esposa; hasta que se da a entender que ese influjo, como el que sufre la joven esposa de Maximilian de Winter en la película de Hitchcock, es más bien la plasmación de la propia culpabilidad del esposo en la muerte de la primera.

A Corman le sentó bien la influencia de Hitchcock. Y el mundo de Hitchcock pareció de pronto más primitivo y ancestral, más arraigado en el magma psíquico en el que nacen las historias de Poe. No es la primera vez que ocurre: una obra secundaria, aparentemente menor, enriquece su precedente, a la vez que se alimenta de él.

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Anoto lo leído en el acto de ayer: unos fragmentos de este diario (de lo ya publicado, en fin, en el volumen Señales de humo), en beneficio de la variedad y amenidad del recital, en el que eran mayoritarios los poetas sin mezcla. A la joven audiencia parecieron gustarles estos apuntes, y alguno incluso suscitó risas cómplices. Bueno. Uno no deseaba otra cosa. Aunque nada más alejado del propósito de uno, en fin, que el dárselas de gracioso.

5 comentarios:

Luis Spencer dijo...

En efecto, José Manuel, una gran película todavía no valorada, mejor así. Tuve ocasión a finales de los ochenta de repasar a fondo la filmografía de Corman para un trabajo que presente en unos cursos que estábamos impartiendo, todos mis compañeros me miraron con cara de sorpresa. Cuántos aspectos por descubrir, especialmente de esta serie que dedicó a Poe.

Un abrazo.

"El alguacil" dijo...

Hitchcock y Corman tenian además una forma parecida de mirar las tetas de las señoras. Y creo que los dos son igual de imprescindibles para contar la historia de todo el cine postclásico.


Hágale llegar mi sentido pésame a K. a la que fantaseo afligida tras la muerte trágica de S. su colega de profesión y pariente "nominal"

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No capto la alusión, amigo "alguacil". ¿Quién es S.?

El alguacil dijo...

El muy llorado gato de Dragó, Sr. Benitez. Perdóneme la comparanza...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ahora caigo. La verdad es que me parece muy digno de respeto el dolor de este hombre por su gato. Seguro que K., tan maravillosamente dotada para detectar ausencias, lo hubiera llorado, si lo hubiera conocido.
Un saludo.