lunes, enero 12, 2009

ACENTOS

No he oído las declaraciones de esa diputada de la oposición que presuntamente se he burlado del acento andaluz de cierta ministra. Sí he oído los doloridos golpes de pecho y las manifestaciones de agravio con que ha reaccionado ante esas declaraciones la práctica totalidad de la clase política andaluza: unos, los del partido gubernamental, encantados de que se lo hayan puesto tan fácil; otros, los de la oposición, a regañadientes, pero temerosos de que, si no se suman a la jeremíada, pueda ponerse en duda su celo patriótico-regional... Lo que cada vez está más claro, en fin, es que el prurito de convertir cualquier cosa en signo identitario no es en absoluto un gesto inocente, y que su verdadera función no es otra que levantar cortinas de humo que oculten o posterguen los verdaderos problemas; en este caso, la manifiesta incompetencia de esa ministra, responsable, entre otros muchos desaguisados, de la situación de caos en la que se encuentra, desde hace semanas, el transporte aéreo.

Pero también esta tonta polémica sobrevenida arroja alguna luz sobre el verdadero motivo de la permanencia en el gobierno de una ministra sobre la que recaen tantos escándalos: tal vez su único mérito político, y la razón determinante de su posición inamovible en el ejecutivo, sea... expresarse en un andaluz tan marcado (y, de paso, simbolizar como nadie el peso del clan andaluz en su partido), como el de otros es tener un sonoro apellido catalán o vasco, que represente el peso de estos territorios en el aparato del poder.

Ese carácter tribal de la política española.

5 comentarios:

Francisco Casoledo dijo...

«Tiene un acento que parece un chiste, tiene un problema de comunicación, que se aturulla y se hace un lío. Ella es un chiste malo.» Estas son las declaraciones de la diputada Monserrat Nebrera. El acento andaluz como signo identitario un tanto absurdo, efectivamente. Y el viejo acento de cierta burguesía catalana que considera a los "subvencionados" del sur como diletantes intolerablemente sentados en su misma mesa. Las palabras nos traicionan, incluso cuando pretendemos hacer un chiste. Un chiste malo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Das en la clave, como de costumbre. Una persona deshaucia políticamente va a salir beneficiada por las torpísimas declraciones de esta política catalana; la figura de Magdalena Álvarez ha recogido adhesiones por este simple hecho. Los del PP andaluz deberían hacer ver que, con declaraciones como ésta dentro de su partido, van a estar, por lo menos, otros veinticinco años en la oposición. No se le puede poner tan fácil a Chávez.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Chaves, quise decir. A veces el subconsciente traiciona...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ah, el subconsciente. Me han dicho, por cierto, que al susodicho le molesta enormemente esa confusión.

Mery dijo...

¿Por qué tenemos una clase política de tan escasa calidad?

Es tristísimo que los argumentos enfrentados versen sobre un acento, o las copiosas nieves sobre Madrid. Y mas triste aún es comprobar que la masa ciudadana nos conformamos con esta capa de superficialidad tan fina que parece increíble.
Las incompetencias de este gobierno se tapan con un polvillo insignficante, y los ataques de la oposición con un contraataque ridículo.
Ya digo, penoso.

Un abrazo