viernes, enero 09, 2009

BOLETINES VIRTUALES

No dejo de buscar entre las noticias recientes alguna que justifique el pomposo título de “Año Nuevo” que automáticamente atribuimos al recién comenzado. Y sólo encuentro, entre informaciones de guerras viejas y vetustos enredos políticos y económicos, esta modesta novedad: desde el uno de enero el B.O.E. ha dejado de existir físicamente; es decir, ha desaparecido su edición en papel, por lo que a partir de ahora el órgano en el que se hacen explícitas las decisiones del Estado, grandes y pequeñas, sólo será accesible a través de Internet.

Es una novedad a medias, claro, porque ya hace años que las consultas por Internet han sustituido la molesta necesidad de desplazarse hasta una biblioteca pública y manejar la engorrosa pila de boletines, con su correspondiente carga acumulada de polvo, ácaros y lepismas golosos de papel. Supongo que tarde o temprano algún aficionado a la sociología recreativa nos explicará la diferencia que este cambio supone en nuestras relaciones con el poder. Indudablemente, no es lo mismo consultar sus oráculos desde casa, en pijama y zapatillas, y usando un “buscador” para localizar rápidamente la información que necesitamos, saltándonos enojosos preámbulos y rodeos, que acudir a uno de los muchos templos de la burocracia y escudriñar el semblante del funcionario de turno, para ver si está dispuesto a ayudarnos o, por el contrario, nos abandonará a nuestra suerte, mientras nos mira desde su mostrador con el gesto de infinita compasión de quien ha visto ya otras muchas esperanzas defraudadas.

Y es que el Boletín Oficial del Estado, virtual o en papel, al igual que los correspondientes boletines de las demás administraciones, tiene algo de depositario de ilusiones de poco fundamento. Acudimos a ellos para confirmar que reunimos los requisitos que se exigen para tal o cual ayuda oficial, o para sondear si la legislación favorece alguna de nuestras pretensiones, ya sea la de obtener un empleo público o la de merecer una subvención. Y no es lo mismo confrontar esas esperanzas con una imponente pared forrada de cajas archivadoras, que tan adecuadamente representa el peso y la inescrutabilidad del Estado, que jugárselo todo a la carta de Google, o de algún mecanismo similar, y preguntarle a la maquinita de la suerte si somos aptos para la prerrogativa que anhelamos.

Y como uno es pesimista por naturaleza, no puedo evitar imaginar que el recién instaurado corazón electrónico de la burocracia estatal no tardará en desarrollar los mismos vicios y reflejos de sus equivalentes en carne y hueso. Ninguna máquina nos responderá “Vuelva usted mañana”, a la manera del prototípico funcionario de Larra; pero ya nos vamos acostumbrando a leer, en la pantallita correspondiente, que “el servidor no responde”, y que lo intentemos unos minutos más tarde. Eso vamos ganando.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

José Miguel dijo...

Creo que este cambio ya se había producido. ya nadie consultaba el BOE con el corazón en un puño, ni depositaba en la consulta sus esperanzas, ni había funcionarios huraños. Sólo se pasaba al papel lo que ya era sabido, la oposición que ganamos hace tres meses, la ley que nos habían anunciado con tres borradores previos, la multa que nos pusieron y que teníamos la esperanza de que se perdería. Ahora esto queda en Internet, que es como decir en el aire, pero da igual que el servidor no responda, si no lo hace ahora lo hará en unos minutos, y hay millones de ordenadores que han descargado las páginas del BOE.
Se había perdido ya todo el misterio, pero la pérdida del papel es una puerta a la nostalgia. Se empieza por el BOE; ¿hasta dónde llegará?