jueves, enero 15, 2009

CONTESTATARIOS

James Stewart, Strother Martin, George Kennedy y Anne Baxter, todos muy viejos ya, en Cerco de fuego (The Fools' Parade), una película del esforzado Andrew V. McLaglen: todos, director incluido, venían de unos tiempos en los que los modos expresivos del cine eran muy distintos a los que comenzaron a imponerse con el cambio de década. Se nota el peso, por ejemplo, de Bonnie and Clyde, que se estrenó en 1967. Y se anticipan no pocos rasgos de La huida (The Get Away) de Peckinpah, que se estrenaría al año siguiente. La película, como las mencionadas, trata de unos delincuentes (ex-delincuentes, más bien, pues acaban de cumplir condena) acosados por representantes corruptos o degenerados de un sistema legal anquilosado y falto de reflejos... Ya se sabe cuánto tardaron esos aires libertarios del cine de la nueva década en convertirse en puro cliché. Pero en esta película todavía conservaban la suficiente fuerza como para determinar el trabajo de este simpático grupo de abueletes, todavía convencidos de que tenían algo que hacer en el cine de los nuevos tiempos, y que podían adaptarse a los nuevos aires.

Vi la película con extrema simpatía, pero sin tomármela demasiado en serio. Y con cierta pena, también, ante la constatación de que ese estado ideal y absoluto del cine, plasmado en el gran clasicismo norteamericano que va, en sentido lato, desde el estreno de Amanecer al de El hombre que mató a Liberty Valance, no podía durar eternamente. Como nada en este mundo.

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Me cuenta un pajarito que cierto inminente ciclo literario local dedicado a jóvenes (o quizá no tanto) escritores rebeldes y protestatarios va a costar... 40,000 euros. Por ese precio, trae uno a Vargas Llosa y a García Márquez y los reconcilia definitivamente con una semana de cenas en el Ritz. Y es que la rebeldía, últimamente, se cotiza alto.

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Pero me reconcilia definitivamente con la humanidad el encuentro que tuve esta mañana con una profesora mía de bachillerato a la que hacía años que no veía, y que me dice que su autor preferido en la actualidad es... Andrés Trapiello. Y me comenta los méritos de este escritor con el mismo entusiasmo con el que, hace treinta años, ponderaba los de Cortázar o Vargas Llosa. Lo que dice mucho, pero que mucho, a su favor.

1 comentario:

Luis Spencer dijo...

José Manuel, esto que señalas en tus primeras líneas era muy evidente y curioso en los primeros trabajos de Fritz Lang en América, aunque fuera otro momento histórico. Esto lo señaló también Preminger cuando estuvo aquí en Sevilla, el enorme esfuerzo que les costó la llegada del cine sonoro y su nuevo lenguaje, los expresionistas admitían la superioridad tecnológica de la industria americana, pero también señalaban su atraso en todo lo demás. Un tema largo y apasionante.

Un abrazo